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mediados del siglo xvii la corte de España se solazaba. en el delicioso sitio del Buen Retiro, presenciando una de aquellas fiestas teatrales á que tan aficionado era el rey Felipe IV. Entre las jornadas de la comedia Faetón, de Calderón de la Barca, que los comediantes representaban á SS. MM. hicieron dos de aquellos regocijados entremeses que, en muchas ocasiones, eran lo más divertido y celebrado de la fiesta. Fué uno de ellos el entremés de Los títeres, de D. Vicente Suárez de Deza, poeta palaciego y sucesor en las gracias entremesiles del famoso Quiñones de Benavente, aunque menos fácil, fecundo é ingenioso que el ilustre licenciado toledano. En Los títeres, el alcalde y el escnoano, en visita de cárcel, pasan revista á algunos presos. Es el primero un hombre con que sostienen el siguiente chistoso diálogo: HOMBRE. ALCALDIÍ. HOMBBK. Al CALDE. HOMBUli. ALOALUK. ESCKIBANO. ALOALUK. ESCRIBANO. ALCALDE, HOMISKJS. ALCALDE. HOMBlíE. Yo, señor alcalde, so; Ya lo sé. f; Porcixié está preso? Por no m a t a r ¿Por no (lué... Por no m a t a r ¡Eso es bueno! Be modo q u e preso estáis por g u a r d a r ios m a n d a m i e n t o s vVEstamos en Berberial- Escribano, ¿qué es aquesto? A n t e s es por no guardarlos. Ni lo entiendo ni os entiendo. Señor, él dice m u y bien. Por no m a t a r está preso. ¿Quién eres, h o m b r e del diablo? Yo, señor, el carnicero soy deste lug; ar ha días. Yo el no m a t a r os condeno, pues es n e s t r a obligación. Obligación no es perdiendo. Ea explicación del aparente enigma era muy sencilla. El carnicero mataba diariamente una vaca ó un carnero, mas como en el lugar solamente la mitad se consumía, él perdía diariamente la otra mitad, negándose por ello á matar cada día. Ese era el motivo verdadero de aquella huelga singular- -y tan singular, como que en el lugar no había más que un carnicero- -y esa la causa cierta de su prisión. El alcalde, no menos agudo, expedito y conciliador que algunos alcaldes de nuestros tiempos, resuelve la cuestión mandando al carnicero que mate y que no mate esto es, que mate todos los días; pero qiie no mate más que media vaca ó medio carnero, para que ni él se perjudique por inatar de más, ni perjudique al pueblo por matar de menos. Eos reyes y los cortesanos riéronse muchísimo con la ingeniosa salida del alcalde, que daba solución tan pronta y oportuna á aquella huelga, elevándose a l a altura de Salomón y de Sancho Panza. nniUJO PE MEUINA VEIÍA Más de dos siglos y medio han transcurrido y las frecuentes huelgas de los carniceros, aquí y en Francia, traen á la memoria, con oportunidad innegable, el recuerdo de aquella huelga cómica. Los carniceros franceses y los carniceros españoles promueven graves conflictos, como el carnicero del entremés... por no matar. Pero el fundamento ó el pretexto de las huelgas actuales es muy distinto. Eos carniceros actuales se declaran en huelga por no matar los domingos, invocando en su apoyo las teorías y las leyes del descanso dominical. Eso sí que es guardar los mandamientos cumpliendo á la vez el 5. que manda no matar y el 3.0, que ordena santificar las fiestas Pero como las gentes afortunadas que todavía comen carne, no se resignan á pasar un día á la semana sin ella, el conflicto no parece de solución tan fácil como el del entremés, si no hay la suerte de que lo resuelva algún otro alcalde agudo, expeditivo y conciliador. Porque no basta decir á los consumidores carnívoros que la carne es uno de los tres enemigos del alma, según los antiguos doctores de la Iglesia, y uno de los innumerables enemigos del cuerpo, según los modernos doctores de la bacteriología; que carne en latín es caro, por lo que resulta un artículo de primera necesidad que se pide en castellano y se paga en latín; de modo que la supresión de la carne un día á la semana es economía para el bolsillo y ventaja para la economía. Eos consumidores carnívoros no se conforman con que los dejen un día sin carne, juzgándose por ello perjudicados y ex- camecídos. Pero tampoco basta decir á los carniceros y matarifes que la carne es artículo de primera necesidad; que los domingos, como los demás días de la semana, hay enfermos, convalecientes, niños y personas delicadas á quienes no debe imponerse una forzosa abstinencia de carne que es peligrosa para su salud y aun para su vida; que hay oficios y profesiones, como ocurre con los médicos, boticarios, guardias, etc. etc. que no pueden sujetarse á la le del descanso dominical sin perjuicio de graves intereses... Carniceros y matarifes tampoco se conforman, y aferrándose al Génesis, sostienen que ese día deben descansar, porque Dios, con ser Dios... el séptimo descansó III Yo creo que el alcalde del entremés era el único que podía resolver ese conflicto. -Todos tienen razón, diría acaso, y eso hay que arreglarlo sin perjudicar á ninguno. Cierto es que Dios descansó el séptimo pero no es menos cierto y religioso que el quinto es no matar Los carniceros y matarifes, en vez de descansar el séptimo, que ahora es domingo, deben no matar elqtdnto, que es viernes, y como el viernes es el día indicado para no comer carne, los consumidores podrán acabar por perder el estómago pero acabarán seguramente por ganar el cielo. Y con este recurso de entremés, el conflicto quizá podría ser conjurado antes que los conjurados sean l o s carniceros para imponer la huelga, cuyo solo anuncio ya asusta á muchas gentes. Porque, como dice Gedeón con su admirable sentido filosófico: Se abren las carnes con el temor de que se cierren las carnicerías FEUPÍ 5 PÉREZ Y GONZÁLEZ