Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CüAcoNa (JxiACÓN. A DioT rao aíí x) or ser hcerto. ¿No lo echas do TGI- Si osa n i ñ a q u e t e m a t a quieres que oa t n vista cxi ta, cuando u n o no tiene vista so pone niñas de plata. DON J U A N ¿Cómo? E l m i s m o IvOpe, e n o t r a c o m e d i a Los vzelÍ 7i dres de Beli sa, d a i d e a d e l e q u e c o s t a b a n los ojos a r t i ficiales rviSARDABELISA; LiSARDA. BRLISA. LiSAiiuA. TÍTíLTñA. ¿Por qué dejaste al rrtaestrtde cam po? ¿Ko os casi nada faltarle n n ojo? ¿Qué importo pues se 1 G pone de plata Y O te diré la ocasión. Dila. Si este nomlsre jura Como á nais ojos te quiero. y le costaba el de plata dos reales, en otros t a n t o s m i amor y vida estimaba, Sin embarg- Q, debía haber ojos artificiales aun siendo de plata, al alcance de todas las fortunas, ó se hacían á mitad de precio para niños y soldados á juzgar por lo que dice el gracioso Majuelo e n l a m e d i a d e T i r s o En Madrid y n una casa: más prácticos que aquellos ojos, útiles solamente para evitar algo la fealdad del defecto y la prevención con que las gentes supersticiosas yen al que tiene la desgracia de ser tuerto. Y sin embargo, en los ojos artificiales también podría hacerse algo práctico. D. Antonio, un personaje de la comedia de C a l d e r ó n d e l a B a r c a ¿Cuál es mayor perfección? dice, burlándose de las alabanzas poéticas á las bellezas femeninas: E n cierta ocasión me vi n casa de u n a señora de quien decía que era el alba su pordiosera y su mendiga la aurora. A obscuras quedó a l g ú n rato y su luz no rae a l u m b r ó h a s t a q u e en la cuadra e n t r ó u n candil de g a r a b a t o Mirad qué sol t a n civil el q u e a r r a s t r a n d o despojos no puede hacer que sus ojos a l u m b r e n lo que un candil. MA. U Er. o, Así dijo u n h o m b r e t u e r t o que en la g u e r r a le dejaron viudo de v, n ojo. Pedia á u n principe á quien servía, n u a bandera, y pasaron meses y años, sin q u e do él se doliese, a u n q u e premiaban otros runchos, que llevaban m. ás favores que papel. Gastó su pobre caudal y á vueltas de él, la paciencia; alcanzó u n a vez licencia, y dándole u n memorial, dijo: Señor, ¿quién pensara que á v e n d e r m e la bandera que pido, no se me diera por u n ojo de l a cara? E s t a b a yo consolado pensando, ¡quó necio antojo! que se compraban á ojo viendo que u n o rae ha costado, raas pues, en ñ n se me veda, déme, si p r e m i a r m e t r a t a u n realzara otro de plata, y ¡ojo al ojo que rao queda! Estos versos me sugirieron la idea de la útilísima reform; que se podía introducir en los ojos artificiales aplicándoles aparatitos eléctricos semejantes á los que se ponen en algunos alfileres de corbata, para encenderlos á voluntad. De ese modo, las tuertas, en particular, llevarían una ventaja innegable á las que tienen hermosos ojos que no alumbran lo que un candil y los tuertos, en general, no tendrían que pedir cerillas al sereno para subir de noche las escaleras. F K L I P E PÉREZ Y GONZAIvEZ 0 DIBUJOS DE SILENO JOesde el siglo xvii acá se ha adelantado muchísimo, y tanto en ojos artificiales como en dientes postizos, se hacen, aunque caras, verdaderas maraYÍlla- s; pero siempre estos dientes siguen siendo Á