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Lope de Vega, en el acto tercero de su Dor tm, hace iecir á Gerarda: Póug- ale el r e y en sia poctio un lagarto c- olorado. y Y en la jornada primera de Los mel ¿7i drí? s de BcUsa tiene este diálogo chistoso, que explica bien i BELISA. origen del dicho LiiSAKDA P u e s dima: ¿en qtn lisillasto laJta n don Luis, m- jiío gaiáii, cuyos pochos esmaltab? un lagarto de Santiago? Calla, naadrOj que lue espantas. XlBERto TIBERIO. No dicen qne las miríercs a sus maririos abrazan? Con un laaarUi en al en mi viOa lo abrazara. Sobrina, llámase asi aquella eriiz colorada que es espada y no lagarto, Bastalja la s: e: iieja, iií; a para matarnrú do miedo ¡Jeix i- -i ¡Mas iué, te acsítiaya? pecho RÜLISAI. Queveclo, en itna de sus conocidísimas letri lias, hace también esta graciosa alusión: Qno sil lim; ioza exagere p o r q a e anda el m u n d o al revés quien de p u r o liinpio que es comer ei puerco no quiere: que lagarto rojo espere el qne axín espera al Señor, y que t u v o por favor las aspas descoloridas. Conciértame esas medidas. i í ¿uevedo, que así se burlaba de los que pre tendían llevar en su pecho el lagarto rojo, sin la calidad y limpieza de sangre que hay que pro bar para ello, fué acusado por sus implacables enemigos de hallarse en caso semejante. Don Francisco Morovelli, en su defensa del patronato de Santa Teresa, contra la opinión de Quevedo, que defendía el de Santiago, por ser caballero de la Orden, negaba los merecimientos de éste para llevar el hábito, dando ocasión á que Juan Pablo Mártir Rizo, defendiendo al famoso satírico, le replicase: Pero díganos, Morovelli: si los hábitos se dan á quien los merece, ¿por qué no tiene él un hábito? Y si se le pone el que no tiene servicios ni méritos, ¿por qué no le trae puesto? En la conocida letrilla Pata- coja, escrita en 1632 contra Quevedo, repítese en verso lo que Morovelli había dicho en prosa cuatro años antes ¿Quisn era picaro ayer y agora se h a puesto don, y quién por solo bufón la c r u z llegó á loierecer... y I r e r o lo cierto fué que D. Francisco de Quevedo había hecho sus pruebas en toda regla; que el Consejo informó diciendo: Puede dársele el hábito, que en su persona será muy bien empleado que en 8 de Febrero de 1618 le fué despachado el título de caballero, y que para mayor solemnidad, como refiere el señor Fernández Guerra, le dio el hábito el duque de Uceda en la iglesia de las religiosas descalzas Bernardas del Sacramento, fundación suya, con muy solem. ne pompa Hay la creencia vulgar de que el lagarto es natural enemigo de la serpiente y amigo del hombre, á qtiien defiende cuando ve que aqué lia intenta atacarlo dormido. S i Quevedo hubiera tenido e s a creencia, cuando la sierpe de la envidia se ensañaba con él, habría podido mostrarle el rojo lagarto que ostentaba en su pecho, y decir, como algunos andaluces supersticiosos cuando ven ú oyen mentar la bicha: ¡l, agarto! jL, agarto! F E W P E PÉREZ Y G 0 N Z Á I E 2 D I B U J O S D E E VÁRELA. v 4; L- yi Ü? o- v s y 1