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V v 1 lagtinorojo uNQCE éste pueda parecer el título de una novela de Ponson du Terrail, de Dumas, padre, ó de Montepín, de Fernández y González, de Tarrago y Mateos ó de Ortega y Frías, tranquilícense los lectores que sean poco aficionados á ese género de la literatura novelesca. No se trata de eso. La roja insignia que ostentan en su pecho los caballeros de la Orden de Santiago, que tiénese por la más antigua de las Ordenes militares y llámase la Noble por excelencia, ha recibido en distintas épocas nombres diversos, que se hicieron vulgares, aun- que alguno, por lo jocoso y burlesco, pareciera poco apropiado para tan grave y encopetada institución Llamóse z por antonoiiiasia, en un prin cipio, porque la cruz de Santigo se g i a h i b a pintaba en unas conchas, muj ítbundantes en las costas de Galicia, que los peregrine; ponían en sus sombreros y esclavinas, y se ilaman e ai, según unos, por tener ciertas vetas ó líneas á modo de ivenas según otios, como recuerdo de la concha en que surgió Venus, al decir de la Mitología, cuando nació de la espuma del mar, fecundada por la sangre de Urano. Los etimologistas más piadosos creen que venera vx (X. Q veneratío, y no Seré yo quien contradiga su creencia. Llamóse también la espadilla, ni más ni menos que los jugadores llaman al as de espadas aunque tal nombre así en diminutivo se explica por el tamaño y forma d é l a cruz. Ramiro I instituyó, á lo que se cree, la Orden en el año 846, en conmemoración de la batalla de Clavijo, en que, según la tradición referida por el P. Mariana, se vio jinete en un caballo blanco á un desconocido, que todos tuvieron por el propio: apóstol Santiago, haciendo mucho estrago en la morisma. En la diestra llevaba su espada y en la otra mano un estandarte con una cruz encarnada en campo blanco. Para formar la insignia de la Orden, la cruz tomó la forma de una espada pequeña, cuyo pomo representa un corazón, y los extremos de la guarnición son dos flores de lis. La cruz, signo santo de redención, de amor y de paz, convertida en espada, instrumento de destrucción, de matanza y de guerra, parece cosa impropia; pero, después de tantos siglos en que así ha pasado, no es cosa de que yo pretenda reformarla ahora así de pronto. La Orden se llamó de Santiago de la Espada y ya lo estudiaría quien dispuso la combinación, aprovechando el parecido de la espada y de la cruz. Llamóse, por último, el lagarto rojo, también por semejanza de forma, que á la vista salta, y esta comparación honorífica tuvo singular fortuna, á pesar de lo irreverente. Apenas hay escritor del siglo xvil que así no la llame en tono festivo, aun en aquellas comedias que se representaban en los teatros Reales ante el monarca, gran maestre de todas las Ordenes, y los grandes y cortesanos, entre los que figuraban los más ilustres y graves santiaguistas El ilustre Góngora, en su romance A un caballero que se jactaba de que descendía de cuatro grandes y no era así, ni él de bueaas costumbres escribe estos versos: Geiitilhombres hice á nmcTaos sin ser rey; á muchos di espaldarazos, sin darles él lagarto carmesi, Castillo Solórzano, en su comedia 1 mayorazgo figura, pone las siguientes frases, en boca del gracioso; MARINO. Pretendía introducirse eja í rojQ larjariisnw del P a t r ó n de las Kspañas... r. n hábito... -Ya ho entendidc. D. ELENA.