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LOS BORRACHOS El doctor de esta historia era un doctor que por llegar á sabio y lograr que su nombre un día fuese esculpido en el bronce y en el mármol consagró de su vida lOS días más felices y lozanos á estudiar de la ciencia misteriosa OS problemas más hondos y más arduos á fin de hacerse en ella tan famoso ual lo fueron Galeno y Esculapio. Y cuando ya su nombre, justamente glorioso y admirado, traspuso las fronteras y los mares, buscando á su esplendor mayor espacio, pensó aplicar su ciencia, lleno de fe, de ardor y de entusiasmo, á dar la gran batalla al alcoholismo, y acabar de una vez con los borrachos. Y fiel á ese propósito que en su espíritu noble tomó arraigo lanzóse á predicar sus teorías por figones, tabernas y colmados y allí donde pudiera nallar adoradores del dios Baco. La bebida, señores- -les decía después de echar á su salud un t r a g o es, además de un vicio, una vergüenza del linaje humano. ¡Cuántas victimas tiene á cargo suyo! ¡Cuántos crímenes, cuántos, cuesta á la humanidad, siempre propensa de todo vicio al tentador ha. ¡ago! Yo vengo á combatirla rudamente, sin sosiego, sin tregua, sin descanso, resuelto á perecer, si el caso llega, en la lucha tremenda que hoj entablo, primero que cejar en mis empeños, primero que rendirme al adversario. ¿Qué me propongoi Sanear el mundo, y á ello encamino mis certeros pasos con la fe inquebrantable del que cumple un fin augusto y santo, escudado en la ciencia que los grandes maestros me enseñaron. ¡Entonemos un himno á su memoria y alcemos en loor suyo nuestros vasos! Y después de una pausa, durante la que todos apuraron sendos tragos de vino, siguió el doctor, con general aplauso: Lo repito, señores: la bebida es y ha sido la causa de lo malo que ha ocurrido en el mundo desde que el Padre Dios lo hizo del caos: embota los sentidos corporales, induce al crimen, embrutece al sabio, engendra las pasiones más bastardas, trueca en granito el corazón más blando, los cerebros atrofia y hace del ser más cuerdo un insensato... Combatámosla, pues. ¿Cómo? Con medios que sean tan sencillos como rápidos sin que nos acobarden ni el grave riesgo ni el tremendo obstáculo. DIBUJO DE MEDINA VERA í -a if, Talemos ios viñedos, sin temor de dejar yermos los campos; cortemos á cercén la verde parra que presta fresco y sombra en el verano; arrasemos sin duelo las bodegas, sin que dejemos de ellas ni aun el rastro. ¡Guerra, pues, sin cuartel á la bebida y de nuevo bebamos por la prosperidad de mis ideas contra ese vicio pérfido y malsano... Predicando estas nobles teorías pasó nuestro doctor años tras años; pero, como es sabido, todo resultó inútil, todo en vano, pues ni dio al alcoholismo la batalla ni consiguió acabar con los borrachos, y, ¡lo más sorprendente es que... acabó por ser uno de tantos! MANUBI, SORIANO W,