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cias señor elefante Sabe también encerrar una verdad profunda en una sencillaíiguraretórica, como conviene á un escritor que fuera al mismo tiempo un filósofo. No; no habla con ironía el fabulista por boca del camello; y si quiso ser irónico, convengamos en que nunca sintió los picotazos del temible díptero. ¡Gracias, señor elefante... Del elefante, si fuese carnicero, podría librarse el hombre como se libra de otros animales que son sus enemigos, empleando la fuerza ó el ingenio: las invencibles armas déla especie. Pero contra una pulga no valen ni las fuerzas de Hércules ni todos los adelantos de la civilización... Y esto es, precisamente, lo que produce la rabia, la amargura, la desesperación, la ira, el enojo, la indignación, el coraje... ¡Todas las malas pasiones adormecidas en el alma por el opio de la filosofía... Pensar que un ser pequeño nos perturbe, nos martirice y nos atormente, llevándose el reposo de nuestras noches y la tranquilidad de nuestros días, es un suplicio que merece un poeta que lo cante... ¡Que es de u n a ironía amarga, aunque provecliosa, ver al re de la Creación vencido y humillado por uno de sus más insignificantes subditos! Yo me precio de poseer una suave y decorosa resignación que me permite soportar los golpes de la suerte. La lectura diaria de mis autores favoritos y la meditación alterna sobre las vanidades del mundo, me han conducido á esas amables playas, donde se sabe reír un poco ante las asechanzas de los dolores morales... Pero declaro que aún no he podido apagar mis protestas airadas, mis amargas quejas, mí desesperación colérica, al sentirme acometido por una pulga... Quizás el espíritu, por ser de suyo aéreo é impalpable, sea más fácil de someterse á una disciplina que la grosera carne que lo envuelve; quizás la mía, flaca como todas y más que algunas dignas de respeto, no acepte las gratas reflexiones de los estoicos... Aunque me parece que todas las doctrinas consoladoras perecen ante ese bicho ignominioso, y pienso que el. demonio se olvidó de disfrazarse de pulga para tentar á los santos solitarios en el Desierto. jOii, molestia indescriptible, abominable escozor, inaudita picadura, roncha denigrante que te levantas como una protesta para dar fe de que ha pasado el enemigo... Preferible es sentirse cogido por una grave enfermedad, antes que ser hipódromo para esos hipógrifos violentos. Porque, lo mismo que la neurastenia, la pulga no mata, ¡pero no deja vivir... No nos deja vivir y vive de nosotros... ¡Terrible paradoja que puede servir de base á todo el sistema parasitario, ya del cuerpo humano, ya del cuerpo social... ¿No podríamos hacer un paralelo justo y acertado entre los insectos que chupan nuestra sangre 3 esos otros político- administrativos que chupan la del Estado, que también es nuestra... Pero ¡chitón... No quiero traerlos á mi memoria para indignarme, porque entonces se diría que tengo malas pulgas... DIBUJOS DE XAUDARÓ A N T O N I O PALOMERO