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SALINAS BRETONAS En la Armerica, no lejos del estuario del I oire, está el país de los salineros, vasta planicie cubierta de sal, bordeada de dunas y de enormes rocas negras, donde la leyenda colocó la tumba del moro Almanzor, quien huyendo desde la Andalucía paradisíaca, vino á morir en esta costa salvaje, combatida por un hosco mar. Desde la alta ciudad de Guerande, vieja villa feudal, ceñida de muros graníticos, enguirnaldados de hiedras, se contempla el extraño panorama de las salinas. Hasta perderse á lo lejos, infinitos, espejeantes, recortados en cuadrángulos matemáticos, los charcos de las salinas se extienden, y entre ellos pasan los salineros barriendo con los rastrillos las aguas saladas, que á fuerza de pasar sobre sus pies desnudos los han tornado semejantes á arenques en salmuera. OBRKRO SALINERO EI, MOLINO DEL DIABLO Por todos sitios se eleva la sal en des- EN TRAJE D E FIESTA lumbradores montecillos. Es el país en blanco mayor que Soñaba Gantier, pues ningún fjord noruego en el más riguroso invierno hiere la vista con tal fuerza, con tan grande resplandor, sobre todo cuando las nubes permiten al sol encender las facetas de la sal y transformar el llano en un campo de gemas esplendentes. Entre los laberintos de los innumerables senderos trazados en la planicie, el agua, madre de la sal, duerme en sábanas tenues y diáfanas, dejándose absorber por el sol De los montículos salinos, semejantes á chozas de nieve hechas S S é í por niños, surge un aroma de violeta intenso, potente, embalsamando el aire, las ropas, el hueco de la mano donde los grisáceos cristales de sal reposaron un instante. Entre aquel ambiente perfumado pasan armoniosas figuras de mujeres. Eas salineras, con las nervudas piernas al aire, con sus haldas cortas y pomposas, pasean los rastrillos por la sal como sobre la fina arena de un jardín, mientras las largas cintas de sus gorros medioevales recuadran sus rostros dándoles la serenidad enigmática de las esfinges. Mezcladas con las salineras, pasan por las estrechas sendas otras mujeres, que se recortan sobre el cielo gris, porteando cántaros con RECOGIENDO LA PAL gestos serenos de canéforas, pues como en aquel país marítimo el agua nace impregnada de sal, sólo es potable la llovida del cielo que reposa en cisternas de granito, inmóvil y dormida. A lo lejos, castillos, viejas iglesias, casas de campo, el salvaje promontorio del Croisic, los campos de Piriac donde los fenicios extrajeron el pálido estaño, forman el horizonte de tierra, y mientras po el mar pasan y repasan como grandes pájaros las velas multicolores de las embarcaciones s a r d i n e r a s cabeceando tras la línea sinuosa y amarillenta de las dunas, los molinos de viento mueven sus a s p a s c o m o las alas de otras aves que señalaran así el l u g a r a d o n d e corre la brisa. La magia blanca del paisaje convida á extenderse al pie de una chisMURALLAS ANTIGUAS peante colina de sal y á soñar allí, lenta, largamente, de vagas cosas pasadas, en tanto que sobre la línea azul del mar las salineras pasan armoniosas, erguidas, moviendo con gestos soOBRERO S A L I N E R O brios los largos rastrillos que arañan la sal oerfumada de violeta. EN TKAJE DE DIARIO P. Tharet F. MENETRIER