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c Q NOTAS DE VIAJE. LAS SEIS PRINCESAS cuatro horas escasas de Bruselas, pasado Namtir y su fortaleza, dejada á un lado la Meuse con. sus orillas almenadas de roca, éntrase en la fragosa región de las Ardenas; aquí Shakespeare imaginó la acción florida en gozo de Cb o ziífe z. s- aqui parece que aún se oyen las risas de Celia y las burlas de Rosalina, y la frase inmortal, descubridora de hondos misterios psicológicos, en la cabecita de una m. x ir íehz: ¿Que jac -o íiiventar j? ara divertirnos ¿Q é te parece si nos enamorásemos Como al pasar hace un poco de viento y las ramas fingen suspirar, puede imaginarse también que en los suspiros del ramaje están las palabras de Jacques, el poeta curado, por el risueño amor, de la tristeza y del escepticismo; y como el agua surte á menudo entre las peiías, en su reír bien puede creerse que se oyen los rústicos requiebros del bufón á su novia. Quédanse atrás los bosques; tiéndese el multiverde tapiz de los prados sobre las melodiosas ondulaciones del suelo; aparecen, entre las praderas, huertos que parecen jardines, casitas con techo de pizarra. Un marcialisimo empleado entra en el vagón: ¡Aduana! -Aduana? Sí, por cierto. Hemos pasado una frontera y estamos er un nuevo país. ¡El gran ducado deLuxemburgoü Como el pomposo nombre siempre se queda por decir en la lista de Estados, Reinos, Imperios y Repúblicas, de las Geografías, podemos, sin g r a d e s c r ú p u l o de conciencia, imaginar que este gran ducado es un reino de cuento. La capital está entré dos ríos, sobre altísima roca florida desde el pie á la cumbre; el soberano es viejo, el palacio está dentro de un parque, y el parque envuelto en niebla, y en el parque se ríen estas seis princesas: María Adelaida, Carlota, Hilda, Antonia, Isabel y Sofía. Así la corona ducal de Luxemburgo debe sonreírse á sí misma, pensando: Por mucha prisa que la muerte se dé á segar rosas, ceñiré una frente de mujer bonita. Vestidas de blanco, las seis sonríen á la vida, que se está descorriendo ante sus ojos como telón de maravillosa comedia. ¿Qué hará la vida con las seis flores? María Adelaida, la gran duquesa, es como una espiga de oro: ojos que acarician, boca que desdeña, frente que parece estar meditando; ¿la casará el amor con un príncipe pobre, ó la razón de Estado con un príncipe necio? Alemania dirá. La princesa Carlota parece estar mirando frente á frente al destino, presta á toda batalla; ¿tendrá, andando los tiempos, el alma atormentada y valerosa que Benavente ha imaginado para su Princesa Behe Píhora. es como una rosa de zarza, sonriente, en gozoso desaliño, al sol y á la lluvia. Hilda, con sus ojos románticos y su frente de sueño, ¿vendrá acaso á ser reina de un reino del Norte? ¿Acaso Antonia alegrará la melancolía de su mirar viendo al sol- -en la fiesta de sus bodas- -diamantear el esmalte del mar azul? ¿Acaso Isabel soñará versos y amará á un poeta? ¿Tal vez Sofía será, como su nombre dice, sabia, y éstas sus manezucas regordetas se afilarán sóbrela pluma, escribiendo de astros ó de corazones? ¿Reirán estas bocas? ¿Llorarán estos ojos? ¿Tem- blará alguno de estos corazones oyendo á un pueblo pedir una cabeza? ¿Habrá un puñal para uno de estos pechos? Habrá, sí, muchas horas de tedio para estas frentes. Hoy el pequeño gran ducado, que es, como ya hemos dicho, un jardín, ama á las seis flores- -espigaflor de trigo, rosa, jacinto, nardo, botón de oro, amapola- -que le han nacido, y los cincuenta hombies que componen su ejército evolucionan marcialmente bajo las ventanas donde ellas se ríen mientras les llega la hora de vivir. G. MARTÍNEZ SIERRA