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Maese Coquerón, que habla un chapurrado de italianoy de español que dag- ozo oirlo, dispónese, aunque con espanto, á servir el antojo de aquellos señores, que quieren llevar mezcladas en la redoma cuantas bebidas refrescantes haya en la botillería. Y van saliendo á escena los siguientes helados y refrescos de la época que bailan y cantan sus letras respectivas: La garapiña, con una túnica de lienzo hasta los pies, de color de chocolate, pintada de jicaras, con una en la mano Yo que g a r a p i ñ a soy, de las garapiñas hoy obedeciéndote voy á p u r a sal desalada... La limonada, con túnica morada, pintada de copas, y dos en las manos Yo, p a r a e n m e n d a r los m i n e a i n t e n t o s traiíifO á otros fines de violetas y Jazmines u n a y otra limonada... El sorbete, COn t r a j e de moro ridículo: Yo iiue estar el moro H a m e t e de m i africano sorbete llenar pienso h a s t a el gollete la picara redomada... La azirora, con túnica blanca pintada de nubes De a g u a de canela y leche de a l m e n d r a s sin que aprovecha su candor, á perder so eche la a u r o r a garapiñada... La limonada de vino, representada por un borracho con una bota, y las aguas de guindas, limón y agraz, por mujeres con túnicas pintadas de aguas. lylena la redoma con lo que todos van vertiendo en ella, D. Tristán y D. Gil vuelven corriendo á casa de la dama; pero olvídanse de pagar el importe, por lo que maese Coquerón y todos sus refrescos corren tras ellos, acabando así, con gran algazara y animación, el cuadro segundo. En el tercero, después de ofrecer D. Gil á su amada tan peregrino obsequio, llegan aquéllos y muévese el consiguiente escándalo, á que pone fin la presentación de doña Aloja, de vieja zarraspastrosa que entra furiosa, diciendo quién es: t... J) oua Aloja que viene t r a s estas falsas, t a n potables asesinas, q u e viven de lo que matan... Y después de ponderar su excelencia, á pesar de su ancianidad, y de cantar: Que al cabo de los años mil v u e l v e la Al- oja por do solía ir... acaba la obra con el indispensable baile al son de instrumentos de pandorga, que todos tocan Y ahora, señor D. Severo, hable bien ó mal de estas obrillas modernas, que no tienen fin más trascendental que el de divertir y entretener un rato á los espectadores; pero no supong- a lo que diría Calderón de la Barca si levantara la cabeza porque el autor inmortal de La vida es siteño no se desdeñaba de escribir también entremeses y mojigangas y el público que admiraba y aplaudía El alcalde de Zalamea, no se escandalizaba ni dejaba de reírse á mandíbula batiente, cuando le ofrecía obrillas como Los flatos, que, después de todo, no es más que una revista cómico- líricofantástico- simbólico- refrigerante Sin hablar más, D. Benigno y D. Severo despidiéronse y se separaron, y yo me alejé también, pensando p o r q u é en los estrenos de ahora, especialmente en los teatros del género chico abundan más los Severos que los Benignos. F E U P E P E R Ü Z Y GONZAI. EZ IHE! U. IOS D E XAUDAKÓ