Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ARTICÜI OS D B VERANO UNA REVISTA CÓMICO- LÍRICO- REFRIGERANTE Madrid se ha quedado sin teatros de verano: Eldorado, que fué el penúltimo, lo destruyó un incendio voraz; el último, que ha sido el de los Jardines del Buen Retiro, lo destruyó algo más voraz que un incendio. El buen pueblo de Madrid, echando de menos aquellos teatros en estas calurosas noches del estío, tiene que contentarse con evocar sus recuerdos, y yo quiero entretenerme de igual modo recordando, por de pronto, el estreno en Eldorado de una revista cómico- lírico- fantástico- simbólico- refrigerante que se intitulaba El sueño de tma noche de verano. Este recuerdo es, indudablemente, el más oportuno y á propósito para ir refrescando la memoria Asistí al estreno de aquella obra, y apenas re- cuerdo lo que de ella pude ver y oir. Dos espectadores que ocupaban sendas butacas delante de mí, absorbieron casi toda mi atención desde el principio. El uno, gordo, coloradote, sonriente, de aspecto bonachón, reía y aplaudía casi sin cesar; el otro, cenceño, verdinegro, cejijunto y malhumorado, gruñía y murmuraba casi sin tregua, dirigiendo miradas terribles á su risueño y benévolo vecino. -Esto no es arte, ni teatro, ni nada... Esto es insoportable... ¡Oh! ¡Si Lope levantara la cabeza... El vecino, bondadoso y risueño, parecía que le contestaba riéndose como un bendito, con lo que más y más lo exasperaba. Llegó un cuadro en que, si mal no recuerdo, salían representados, en caprichosas alegorías el limón helado el arleqidn la leche amerengada y otros sorbetes y refrescos propios de la estación D. Severo, que así llamaré al uno, brincó en su asiento y exclamó con un sordo rugido, mirando descaradamente á D. Benigno, que así llamaré al otro: E s t o es una vergüenza de la literatura; esto es la perversión completa del teatro... ¡Oh! ¡Sí Calderón de la Barca levantara la cabeza! D. Benigno lo miró á su vez, sin alterar la placidez alegre de su semblante, y con tono jovial, aunque la frase tenía algo de reto, le dijo en voz baja: -Cuando termine la función... hablaremos. Ya no pude atender á la obra, esperando impaciente que concluyese, para ver el resultado de aquella cuestión extraña. Cayó el telón. D. Severo y D. Benigno salieron juntos del teatro, y yo los seguí, acercándome cuanto podía para oirlos, sin que me tuvieran por demasiado indiscreto. Cuando llegaron á una ae las calles del Prado, D. Benigno rompió el silencio y deteniéndose un momento soltó á D. Severo esta pregunta, como quien suelta un bofetón: ¿Conoce usted Los flatos, de Calderón de la Barca? -No, señor- -respondió D. Severo, aturdido por lo inesperado de la pregunta. -Pues en Los flatos- -agregó D. Benigno, echando á andar de nuevo con paso lento, -una dama, en el primer cuadro, desea tener flatos porque dice que en las damas están de moda; D. Gil, su amante, y D. Tristán, amigo de éste, especie de compadre de revista toman una redoma y un embudo, y. después de la mutación correspondiente entran en la botillería de maese Coquerón, que haciendo de frialdades maravillas, i n v e n t ó las prinieras garraíillas. ¡lili