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REVISTRILUSTRHDfl A Ñ G 16 MADRID N 794 S Á B A D O 21 D E JULIO D E 1906 V rp- S -5 -i ü- cTf ir: V- -f K F; I ODIO o puedo recordar cómo llegué á saber esta sencilla Mstoria que voy á contaros: historia de J niñas y de viejas, de simpatías y de odios; simpatías m u y risueñas, muy candorosas; odios Kíí, jiiuy acres, m u y hoscos. Toda mi historia ocurre entre dos balcones fronteros, en la solitaria angostura de una calle muy triste, en una ciudad muy triste, cuyo nombre he olvidado, aunque recuerdo clara, fijamente, que era una palabra de sonoridad mate, como evocadora de una urbe vieja. También recuerdo que no era esta ciudad capital provinciana, pero sí residencia de un obispo, y que el palacio de éste, de sillares renegridos, infunde austeridad episcopal á todo el pueblo. I a calle de la Fuente. de los tres caños es la más aseñorada, y, tal vez por esto mismo, la más triste de todas, porque entre los recovecos angostos de su caserío no se levanta ni el más fugaz rebullicio de vida callejera. Todas las fachadas son de piedra sombría, con balconaje angosto y portalones anchos, de los que arrancan escalinatas de lobreguez misteriosa. H a y días, hay semanas en que no retumba por aquellas angosturas otro ruido que el de las campanas de la colegiata, con metálico vocingleo, ó las de la Trinidad, broncas y cascajosas, ó las de la catedral. Eín los comienzos de mi residencia en la ciudad episcopal, yo me figuraba que la calle de la Fuente