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LOS A M I G O S LITERARIOS i 4 -15 jí jAZ sea en esta casa, paz sea -en esta casa. Dios te guarde, señora honrada. Dios te guarde. Una limosnica, cara de oro, cara de siempre novia Esto y otras cosas es lo que dice en una comedia de Lope de Rueda- -la Eufemia, -una cierta mujer llamada Ana y qite entra á limosnear en una casa. N o hemos hallado en ningún libro, en ninguna literatura una expresión más cariñosa, más halagadora, más profundamente amable q u e e s t a d e cara, de sie npre novza; e s elV 5- i i -j j. -jj decir, que esta mujer le desea á la joven á la cual pide una limosna que tenga en todos los momento. de su v i d a la faz que se tiene cuanao se es amada, cuando se es contemplada largas horas, larg- os días por el amante, que nunca se cansa de mirar y que siempre acaba por encontrar en esta cara queridísima una nueva perfección, un nuevo y desconocido motivo de amor. No es posible, repetimos, una loanza más agradable y más profunda. Quien la ha empleado es una mujer astuta, dies trisima; es una maestra de psicología humana que nosotros desde este momento admiramos fervientemente. Y esto nos induce á imaginar cómo será esta dichosa Ana y qué es lo que hará por el mundo. Si consideramos que poco después de pronunciar las maravillosas palabras citadas, intenta Ana decirle la buenaventura á la, joven requerida, no será aventurado afirmar que Ana pertenece á la estirpe de los gitanos y que es posible que conozca mil secretos, artes, trazas y recursos más ó menos enigmáticos y útiles. Ante todo, Ana sabrá rezar oraciones que tengan la virtud de causar tales -tales efectos: conocerá la oración del Justo Juez; la de San Greg orio- -que no recordamos ahora para qué sirve, -la del Apartamiento del cuerpo y el alma. Cuando después de rezada una de estas oraciones reciba una limosna, sabrá también seguramente decir A n a Loado ea Dios, y -Í sanio nombre bendigají ¿odas las crlatifras, y El encamine d vuestra merced en su sanio servicio y le libre de pecado morial, de falso testimonio, de ¿oder de traidores y únalas lenguas. Ana tendrá, si vive en Toledo (como dicen que es aquí donde vivía su colega Celestina) una casilla miserable y medio caída allá en la cuesta del rio, junto á las tenerías; aquí en esta casilla habrá un camaranchón ó pequeño antro donde Ana tendrá mil hierbas, confecciones y sutilísimas mixturas. No faltará aquí el diente del ahorcado (arrancado para mayor mérito en una noche de tormenta) ni el pedazo de soga, también de dicho ahorcado; ni faltará tampoco la piedra traída del nido del águila, ni el mantillo de niño. En hierbas y raíces, Ana tendrá una coleccióti estupenda; cien redoniillas de todos tamaños y llenas de aguas y de ungüentos se verán colocadas en una leja y en un rincón, como cosa importantísima, una cajuela bien cerrada, con agujas finísimas y delicadc sirgo rojo. Y no digamos las cosas que sabrá hacer esta querida Ana: sabrá hacer que desaparezca de la cara una arruga inoportuna (bellas amigas: todas las arrugas son inoportunas) sabrá quitar de un labio adorable un vello indiscreto; sabrá pelar cejas con unas tenacicas de plata, muy ligeras (cosa que se hacía antes y que no se hace ahora) sabrá el modo de que no vuelvan á verse las pecas de unas manos incomparables. A otras muchas operaciones alcanzará también el arte supremo de nuestra amiga; pero no es este el momento oportuno de tratar de ellas, aparte de que su exposición y crítica detallada nos llevaría mu 3 lejos. Ahora sólo queremos consignar que Ana posee un secreto maravilloso que Celestina no conoció; es decir, que Ana vale mucho más y es más sabia en su arte que su colega. Pásmese el lector: nuestra amiga conoce la hierba misteriosa, la hierba estupenda, la hierba única, sin par, que tiene la virtud de abrir las cerraduras. No os asombréis; esta hierba se llama ¿í? y de ella habla el P, Francisco Victoria- -maestro de Melchor Cano- -en sus Relectiones teológica: (página 453; edición de 1586) cuando escribe: herba pici, Hispané, el pico, seras etianí férreas aperits) No existe cerradura por complicada, por difícil que sea, que resista á la aplicación de esta hierb? tremenda. Hemos dicho que Ana la conoce muy bien y tiene un pequeño depósito de ella. Encomiéndense á nuestra amiga los nobles seres cuya misión consiste en abrir durante nuestra ausencia nuestras puertas, armarios y escritorios. DIBUJO DE REGIDOR AZÜRIN