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I I BIanco 3 rr fo Revista iíusfmto A N O iXVl MADRID 7 JULIO DE ipní N U M 792 Era el verdadero mujer Teuia el pelo rubio- -el cutis pálido, la cintura garganta de diosa y los ojos y tristes, ojos que GRANOS DE ARENA. inspirarpequeña, la tipo de la negros soñadora. pena, grandes como elmuy rubio; parecían nacidos para y esparcir amores, como la dulces consuelo, halao adores COMO sueño de la infancia. Í j üesde que á espaldas del amor, se concertó su boda con D. Rafael, viejo adinerado y testarudo para quien e matrimonio fué uno de los muchos contratos que el egoísmo acuerda, vivía en aquel u. -blo castellano de casas de adobes y tejados negruzcos, y pasaba una existencia muy tnste uce- H i S. 0- r- ér- f JM rrada en el antiguo caserón que, á raíz de su enlace, compró su marido para transformarlo en cas- o labranza. ¡Oué cárcel más obscura para guardar a u n a prisionera quetan necesitada hallábase de al ¿n a íQué iaulalíiás pequeña para que en ella se acostumbrase á vivir un alma que tan alto hubiera v oiaao. Celia se sentía morir entre aquellas paredes que el blanqueo no era suficiente para conservar limpias y anhelante de encontrar algo bello y poético en derredor suyo, se pasaba las horas en la aestartalada cocina estudiando las costumbres de los labriegos qu 3 allí c reunían y que hallábanse al servicio de la labranza.