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buen Fabricio: Pretendes que te escriba por lo menos quincenalmente, para satisíacer tu curiosidad de lugareño, de cuanto ocurra en este alegre mundo de la bagatela, de la diversión y de la farándula. Me impones un doloroso menester; pero, en fin, rae hago cargo de lo mucho que te aburrirás en la dormida aldea y acepto la comisión. La lleg- ada del correo es, sobre todo en los apartados rincones, tan bienhechora como una caricia. En Madrid abrimos las cartas febrilmente y con rapidez las ojeamos: no hay tiempo para más. Pero B tú, Fabricio, estoy seguro que luego de instalarte cómodamente, a, rrellanadamente en tu butacón, los quevedos bien afirmados sobre la nariz, leerás el diario madrileño á que estés suscrito, y después las cartas que recibas, rompiendo con cuidado los sobres, es posible que recortando los sellos, si eres coleccionista- -en la aldea hay tiempo para todo, -fijándote mucho en su contenido, saboreándolo despaciosamente ¿y y como á sorbitos. Sí, lo comprendo; tú quieres saber lo que pasa por este Madrid, por sus escenarios, -en los que corriste gallardas aventuras... ¡Pues, chico, todas aquellas mozas son ya características, y algunas, cúbrete, se han casado y hoy las tienes de excelentes madres de familia! Ya sé que aún conservas, como músico viejo, la afición y el compás, y como seguramente por ese apartado retiro donde vives sólo irá por feria, si acaso, alguna compañía de verso, que las de zarzuela pican más alto, tú, es claro, te aburres de jugar partidas y partidas de dominó, de salir de caza con el juez y el cura, de darte por las tardes tu paseíto por la carretera hasta las ruinas del castillo, de ir al pequeño casino donde os reunís á tomar café, un gaje para el conserje, que os lo sirve por un real la taza, y bueno, según me dices; quieres holgarte con mis cartas, recibiendo en ellas impresio- nes de otra vida de la que tú no gozas. Pero ¡ay, mi buen Faljricio! no es este el más oportuno momento para que cumplidamente sacie tus apetitos de curiosidad, porque pedirme en el mes de Junio, y ya en sus días avanzados, cosas, movimiento, in formes de cuanto hay por los teatros, es ponerme en un compromiso, que no rehuso, conste que por servirte. Las compañías grandes, y me refiero á las del Español y Comedia, trabajan actualmente, la primera, en el Odeón de Buenos Aires, y la segunda, en Barcelona, donde dará cincuenta funciones. La de Lara está en plena totimeé- Qt provincias. Chicote y Loreto ó Loreto y Chicote, á tu gusto, tienen ya en el bolsillo el decreto de disolución para Eslava, y á primeros de Julio debutarán en Santander. Así que para solaz de los madrileños quedan los siguientes espectáculos: Apolo, al que asiste todas las noches El folio Tejada, del que te hablaré después; Zarzuela, con Los Campos Elíseos: Gran Teatro, en el que se ensaya una zarzuela de Linares Rivas y Bretón que se titula El sueño de Regina; Circo de Parish, con su compañía internacional acrobática, cómica, mímica, fantástica, gimnástica, malabarista, etc. y sus jueves de gran gala, yaí í) aá í s rozríí í, moda aristocrática también, etc. etc. Central Kursaal, un amplio frontón del juego de pelota, que de noche se convierte, por una rápida, contradanza, en elegante imísic- hall, con otro juego distinto, el que se traen nvAohnsparroquianos con las chantcu- 11 f TEATROS CIRCOS- VARIEDADES CONCIERTOS SPORTS ses, disseuses, danseuses, gc nmeuses t a m b i é n etc. e t c Por una peseta, si eres, hombre prudente, pasas la noche en- Xtuo froií- frou y viendo á la Chelito. ¿Oué otra cosa puedes apetecer en este mundo? Cuando recibas mi carta, habrá debutado en este iimsic- hall Carmen de Villers, primer premio de belleza en el concurso internacional de París de hace dos ó tres años. Es una artista plástica, de elegante y correctas líneas. Su historia, la de todas estas emperatrices de la hermosura: aventuras galantes, espléndido cortejo de amadores... ¡toda la liral Como la Otero, la Cavalieri, Liana de Pougj posee el imperativo gesto de la triunfadora. Los cinemetógrafos. ¡Ah! de esos hay un buen surtido en Madrid. Antes, en todos los solares daban razón, ¿te acuerdas? Pues bien, ahora dan además cinematógrafo; no hay solar sin barraca Lumiére. La película, amigo Fabricio, se impone. ¡Odia d lapelíctilay compadece d los cinematógrafos! Este es el grito de guerra de algunos autores del género chico, que suponen, y con razón, que la estupenda cosecha de cinematógrafos es el enemigo más abierto que tiene la pequeña zarzuela. Además, en estos pabellones te dan, luego de tu buena ración de vistas, su bu- en ventrílocuo, una parejita de sevillanas, un imitador de Frégoli más ó menos soportable; todos con sonoros nombres extranjeros, aunque la mayor parte son nacidos en las populares vías de ÍSalitre, Argauzuela, Cava Baja, etc. En fin, por veinte ó treinta céntimos, matas media hora, que dice la gente. En Apolo, y vamos por partes, El pollo Tejada, una especie de hermano pequeño de El terrUte Pérez, El pobre Valbiiena y El ihiso Cañizares, ha sido bien recibido por el público, y tiene en algunos momentos el aire de familia, principalmente en el cuadro del harem, el más divertido de la obra. Porqiie el pollo Tejada, á consecuencia de una aventurilla galante, tiene que escaparse por la atmósfera; vamos, que gracias á un globo, se ve libre de las iras del mai ido que le persigue. Y mira tú, la dirección del viento es tan amable, que lleva al pollo Tejada á un harem, donde cae el terrible campeón de la galantería, causando el natural asombro entre las hijas de Alá, que lo toman por un príncipe de un cuento de amor. Emilio Carreras, que es el figurín para esta clase de zarzuelitas, canta en ese cuadro una graciosa canción de Quinito, que se llama la canariera, en la dulce compañía de las Srtas. Palou, Moreu, Santa Cruz y Amorós. Ahora, ¿sabes? es costumbre que en todas las zarzuelitas haya, bien un ondulante tango, una curvilínea habanera ó im perezoso contoneo, que lleva el nombre de una cosa ú objeto.