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DELICADO a: 0 f rf, í í f DELICADO es un cura de pueblo: este pueblo es vV uno claro, pintoresco, suavenienlt; melancólico de Andalucía. Delicado es un señor un poco gordo, con recias cejas, con los labios bermejos, con una: manos gordezuelas que acarician bondadosamente á los niños de las vecinas. Delicado se pasa el día andando de casa en casa- -como Sócrates en Atenas; -habla con todos: con Pedro, el carpintero; con José Luis, el herrero; con Alvaro, el tejedor; con Romualdo, el alfayate. En la fuente, cuando atraviesa la plaza, se detiene un momento, sonríe con una mezcla de malicia, y dice unas cosas á Rosa, á Carmen, á Mari- Pepa ó á Juana María. Si una vecina h a d e hacer una tarea de mostachones, á Delicado consulta; si otra comadre ha de comprar lana para mudar la del colchón viejo, á Delicado va también; una niña está enferma, pálida, ahilada, y Delicado da á la madre unas hierbas que la sanan en cuatro días. Y Delicado, como todos estos hombres bondadosos, afables, que hemos conocido en nuestra niñez, es un poco epiciireo; os digo que á él le place, sobre todas las cosas, una comida limpia y bien aliñada. El tiene una erudición portentosa en estos asuntos; él gusta de las albondiguillas redondas y apretadas con culantro verde de la col murciana con alcaravea de la cazuela de berenjenas moxies de la cazuela de pescado cecial con oruga él enumera complacido estos dulces, tan andaluces, tan sabrosos, que sólo podemos comer en Osuna, en Cabra, en Lucena, en Arcos de la Frontera ó en Utrera: los pestiños, las rosquillas de Alfajor, los tostones de cañamones y de ajonjolí, los nuégados y las xopáipas; él se acuerda lleno de intima ternura de unos grañones con tocino que comió en Jaén siendo niño, y que ya no ha vuelto á comer tan buenos; él advierte que las viandas cocidas en vasija de barro y á fuego lento saben mejor que las guisadas en cobre; él sabe torcer á maravilla, bien sea con agua ó bien con aceite, estos exquisitos hormigos, de los cuales él se comería una almofía llena él, en fin, reputa como una de las mayores satisfacciones de su vida el haber comido y aprendido á liacer, allá en Roma, unas maravillosas chambelas italianas que se confeccionan con harina, agua caliente, sal, -1 lauva y un poco de azúc. Todos- quieren á Delicado; todos le buscan. Jtil buen cura ya no tiene inás ilusiones que esta vida sedante, sosegada, del bello pueblo andaluz. En su mocedad. Delicado lia estado en Roma: allí ha vivido unos años en medio de la sociedad más heteróclita y pintoresca, y ha conocido los tipos y las vidas más encontrados y diversos. ¿No trabó él amistad allí con Mira, la judía que fué de Murcia ¿No conoció también á una abacera que vino á llevarse una bula para una ermita ¿No trató así mismo á unas camiseras castellanas ¿No nos habla del mismo modo de una mujer de Jumilla que majaba en un morterico de azófar atauja y pepitas de pepino Pero los años han ido pasando; aquella bataola formidable de Roma no era para nuestro autor; su ideal estribaba en la vida de pueblo. Y por eso dio vuelta al cabo á su gentil ciudad de Andalucía. Y aquí mora feliz y satisfecho. El día él lo pasa de casa en casa. Y tal vez durante estas siestas andaluzas tan ardientes, ó bien á prima noche en las del invierno, él coge la pluma y va escribiendo estas páginas soberbias, únicas en nuestra literatura picaresca; estas páginas- -un tanto libres- -en que nos ofrece las más hondas sensaciones de la vida diaria, de las cosas pequeñas, triviales, ignoradas, y que se titulan La Lozana andaluza. DIBUJO DB HUERTAS AZURIN