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L. 5. IvIAMXJ iv- Aí) CUARTETO DE VERANO a) Allegro, ina non troppo. ¡Eh, cochero... ¡Cochero... ¡Para y arrima... La voz parte de un pintoresco grupo que espera en la esquina la llegada del vehículo salvador. Pasaron muchos, pero todos fueron despreciados; éste por chico, aquél por feo; uno por la impertinencia del auriga, otro por la triste languidez del caballo... Y, alfin, esta mañuela fué aceptada, después de un rápido aunque concienzudo examen, como de gentes conocedoras del género. ¡Arza p arriba... Suben dos mujeres abundantes, ornadas con sendos pañolones de Manila... ¡A ver cómo nos las apañamos ahora... Suben los tres hombres que las acompañan; tres socios decentemente amueblados, de regular edad y de humor más que regular en ocasiones... Cuando el grupo toma posesión del reducido espacio locomóvil, hay chistes alusivos y bromas casi picarescas, comentadas con risas inocentes... Las mujeres dejan un sitio al menos voluminoso de sus compañeros. Los otros dos se acomodan en la bigotera. -Mira: llévanos á dar una vuelta por la verbena... El caballo relincha tristemente, como si hubiera comprendido lo que aquello significa... El c n mado I fecta clones para la provisión de tiestos, rosquillas, pitos y baratijas, y volverá al centro, parándose tantas veces como tabernas halle en el camino, mientras la propia voz que dirige la alegre caravana repita con el mismo son el mismo clásico estribillo: ¡Danos y danos, y convida al cochero... Total: cuatro, cinco, seis horas achicadas para el reloj patronal, y una buena propina sumada al extravío de los minutos... La manuela parte ligera, atronando la calle con su ruido. El sueño del cochero se cumple. A la vuelta trepida, cruje el carruaje, como si fuera á deshacerse en medio del arroyo. La capota va llena de tiestos, juguetes, rosquillas, torraos y avellanas. Los viajeros cantan y gritan que se las pelan. El cochero sonríe é interviene de vez en cuando en la conversación. Todos son felices. Todos están contentos... menos el caballo... Otras veces son dos parejas amorosas las que se sirven de la mañuela para ir á la Bombilla ó á las Ventas á gozar de las espléndidas noches estivales de Madrid... El coche espera á la puerta del merendero, y mientras los señoritos bailan y cenan, el cochero devora un bisté y se bebe un veinte (antes quince) Otras veces conduce á dos enamorados que quieren llevar alzada la capota... Pero siempre la mañuela orgullosa de su misión, corre, corre alegre y triunfadora por las calles, desalojándolas de chiquillos molestos y de vecinos importunos, y entre los terribles ladridos de los perros... Triunfa durante la noche, durante la tranquila y sosegada noche veraniega, cuyos encantos misteriosos desconocen las honestas, apacibles gentes... A la llegada del invierno, la mañuela se refugia en un rincón de la cochera para pasar, como un reptil, los fríos, destemplados meses en un sueño... ¡Oh poetas madrileños, poetas de chispeante y regocijada musa! ¡Poetas alegres, ingeniosos... Sinesio Delgado, Ricardo de la Vega, Carlos L. de Cuenca, Luis de Tapia, López Silva, Pérez Zúñiga, Casero... ¡Cantad á la mañuela amigos míos; á esa deliciosa institución madrileña de cuyos beneficios todos hemos disfrutado... Yo la miro pasar recordando aquellas noches en que fui uno de los del grupo, ó me amparé con su capota providente... Y al ver á mis sucesores me alegro por ellos, y me alegro también con mis recuerdos... Me alegro, mas no mucho. O como diría un chulo que supiese música: ¡m allegro, ma non troppo... de veros güenos. h) Andante. Hasta en el más pequeño detalle de la vida se observa el triunfo de este viejo axioma de la ciencia: La función crea el órgano... El hombre que va en coche, para no asfixiarse, en el verano, ha tenido que abrir la caja de su carruaje. Y los herederos de D. Simón, el noble creador de los simones han necesitado crear la mañuela para no privarse de los embolsos naturales. Así, pues, la mañuela es la dulce compañera del simón y con él alterna en las útiles tareas de transporte y acarreo. ¿Quién resiste ahora un coche cerrado... Para el invierno se han hecho los simones á pesar de sus portezuelas que no cierran y de sus cristales que no encajan... ¡Resquicios por donde entran los catarros... Ahora hace un calor sofocante. Y en el verano es cuando la mañuela está en su punto. A él hay que acudir para que nos lleve á una visita, en carrera que hará rápida el cochero si el sitio está distante; ó para hacer varios encargos muy urgentes; ó para formar en un cortejo fúnebre; ó para dar unas vueltas por el Retiro... Como esos insectos que toman el color de la selva donde viven, el cochero toma un aire adecuado al de su parroquiano. ¡Qué entristecido marcha tras el féretro! Acaso piense en que está muy cerca