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A in. signe escritora doña B; mi! ia Pardo Ba ái; ha sido elegida para ocupar la presidencia de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid. Entre la culta juventud de esta docta Corporación acogióse con entusiasmo la cana i datura de la ilustre novelista, y doña Kuiilia llega por el sufragio popular de los verdaderamente i n t e lectuales á desempeñar el cargo en que el inolvidable Navarro y Ledesma luciera la variedad de sus iniciativas y de su talento excc; pcional. Es muy difícil llegar, pero es sin comparación más difícil sostenerse, mantener sin desmayos, con entereza varonil, la posición conquistada. El vivir presente devora cada día una fama, uu nombre, y el criticismo audante trabaja á la sordin a los pedestales más sólidos. Para Galdós, la constancia es la suprema virtud social; doña Emilia posee esta virtud en grado máximo; su vida literaria es una labor continuada. Desde su Estudio critico de las obras del Padre Feijoo, h a s t a el p r e s e n t e preferentemente. Desús libros alcanzar n may o r f a m a Los Pazos de Utloa. Insolación, M. orriña De mi tierra, La cuestión palpitante, y de SUS con- ferencias en el Ateneo, donde hoy ocupa lugar preeminente eu la Sección de Literatura, lograron merecida celeb r i d a d La revolución y la novela de Rusia y Los franciscanos y Colón. la comiuücación de la escritora con el público ha sido incesante; su nombre es actualmente popular en líspaña y conocido en el extranjero; su valía es lo que nadie discute, lo que ella ha sabido imponer y mantener. No es posible en el espacio de que aquí se dispone enumerar ni de pasada y muy a l a ligera las obras de la Pardo Bazán. Mucho se habló, y en diversos tonos, de su filiación literaria; prcsentósela por unos como partidaria, y preeonizadora de la escuela naturalista; por otros, como ingenio solitario, mantenido de sí mismo, sin abolengo conocido; ninguno de estos críticos apasionados tiene razón: los primei- os, porque el realismo de doña Emilia nada tiene que ver con el de su insi, gne homónimo, sino que es de cepa española, espigado en las abundosas mieses de nuestros novelistas y escritores mí. sticos, donde se nutriera el grande y opulento estilo del autor de Pepita Jimenez; y los segundos no tienen razón tampoco, porque en los tiempos actuales no existen, ni es fácil (ue existan, genios solitarios á la manera de los Tofail y Avempacc. ¿Cómo una mujer que ha intervenido en las más ruidosas discusiones literarias habría podido jamás sustraerse á las influencias del medio ambiente intelectual de su tiempo? Para ello fuera obstáculo la erudición de la escritora, su trato, su amistad y conocimiento con célebres maestros del arte literario en el extranjero. El bagaje de obras y escritos de doña Emilia Pardo Bazán es grandísimo; la Novela, la Historia, la Crítica, son los géneros por ella cultivados Durante el pasado invierno llevó á la escena la Sra. Pardo Bazán un drama extraño, titulado Verdad; el estreno de aquel poema escénico, cjue el público no recibió con agrado, fué comeutadísimo por los críticos; pero este comentario mismo probó que en el drama había ideas, pasiones y técnica no vulgares. En otra nación, doña Emilia tiempo hace hubiera escalado el templo de los inmortales, la Academia; en España es posible que no basten los altos méritos de esta mujer singular para que en las postrimerías de su vida llegue á sentarse en aquel glorioso in. stituto. A. quí sólo alguna dama de extraordinario relieve social llegó á noticia de las muchedumbres; las m. uj eres que honraron nuestras artes, nuestras ciencias nacionales, murieron casi desconocidas; menguada fué la popularidad de doña Beatriz Galindo, de Zayas de Sotomayor, de Fernán Caballero, de Carolina Coronado, de la misma egregia escritora doña Concepción Arenal, uno de los cerebros más potentes y viriles que en España nacieron. Si ilustran nuestra historia los nombres de doña Berenguela La Gránele, de doña María de Molina, de Isabel I, débese á su condición de reinas. De banda á banda ocupa la literatura nacional un nombre sólo, el de Santa Teresa. Cada nruchos siglos nace un portento como el de la Mística Doctora, y es cosa vista que únicamente á tanta fuerza intelectual y moral nos rendimos grandes y pequeños en esta tierra ingrata, á todo ingenio dura, y que para trascender á los siglos venideros hay que escribir Las Moradas. Es un acto de justicia que doña Emilia, nuestra ilustre contemporánea, presida á la juventud intelectual del Ateneo, y ésta, al elevar al cargo de presidente á la eximia escritora, se adelanta al voto de cuantas personas saben leer y escribir de corrido, y señala el nombre de doña Emilia Pardo Bazán, entre todos, para que se abran para ella las puertas d é l a Academia. Bi, ANCO Y NEGRO, que tantas veces se honró publicando originales narraciones de la autora de Morriña, une SU felicitación á la de la Prensa toda y felicita á la Sra. Pardo Bazán por su triunfo presente y por los que á éste han de suceder.