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ANO XVI MADRID 23 J U N I O D E 1906 N i l M 790 l Í E T R A T O S HISTÓRICOS. CARLOS. Si penetramos en el cuarto de nuestro amigo Carlos Rubio nos quedamos un poco sorprendidos. Ante todo hemos tenido que recorrer unas callejuelas apartadas; luego hemos penetrado en un zaguanillo, donde, como en todos los zaguanes de esta época, hay un pequeño apailijo para que los transeúntes puedan recurrir á él en determinado momento y no sientan éstas ó las otras molestias. El ambiente del zaguán no es muy grato; pero ascendemos rápidamente por unas escalerillas obscuras, estrechas y nos hallamos ante una puerta chiquita en que vemos un cordón mugriento; tal vez, si nos fijamos, observaremos también en la pared el sitio donde debe ser puesto un quinqué- -que 3 a no se pone hace tiempo- -y arriba en el techo un redondel de humo. Y penetramos en el cuarto de nuestro amigo, después de haber llamado seis ú ocho veces. El mismo Carlos ha venido á abrirnos la puerta. Carlos lleva una americana rota, sobada; sus pantalones, sin forma, mal ceñidos, parece que á cada momento van á deslizarse hacia el suelo y muestran en sus extremidades unos flecos llenos de barro; las botas de Carlos están deslustradas, polvorientas, medio rotas; y en torno del cuello de nuestro amigo, tapando á medias una camisa negruzca y ajada, se anu. da un pañuelo de seda que hace tiempo fué blanco. Hemos saludado á nuestro amigo. Carlos, al vernos, nos ha tendido el brazo sobre el hombro; su barba y su cabello eran largos, revueltos, y en su mirada brillaba una viva luz de inteligencia viva, de intuición, de bondad, de efusión. Y esta luz de inteligencia y de bondad es la que envuelve á nuestro amigo y hace olvidar el desaliño tremendo de su traje y de su persona. ¿Qué misterio hay en estos hombres efusivos, todo corazón, que opera el milagro de que en presencia de ellos y en un momento desaparezcan todas las cosas que nos rodean, todas las miserias humanas, y nos encontremos como en una región superior, como en una esfera espiritual que nosotros desconocíamos? ¿Cómo y de qué suerte estos hombres humildes y extraordinarios ennoblecen lo que en otros hombres sería motivo de desdoro y hacen que aun los parajes más prosaicos que ellos habitan se transformen y dignificiuen súbitamente? Carlos es de estos hombres; diríase que para él no existe la realidad exterior; es poeta; es orador; una fuerza intensa mental le lleva como en suspenso, como en volandas, por la vida; en los tiempos antiguos hubiera sido un místico de los que apasionan á las muchedumbres, que los acosan, los apretujan 3 les cortan en pedazos los hábitos. Y ahora, en estos tiempos, Carlos vive en este cuchitril, en que contamos una camita de hierro desnivelada, crujidora, dos ó tres sillas de enea desfondadas, una mesa atestada de libros rotos y periódicos atrasados, y una percha con un sombrero ancho manchado de mugre. ¿Porqué vive así Carlos? Y ¿qué le importa á Carlos todo esto? ¿Qué le importa el llevar un pantalón roto y un sombrero grasicnto? El tiene una amplia sonrisa de bondad; él cuando se encuentra á un amigo tiene este gesto peculiar, rápido, instintivo, de echarle el brazo sobre el hombro; él cuando vienen á pedirle una cosa y comienza á hablar el pretensor ya está diciendo instintivamente: sí, si antes de saber de qué se trata; él subirá en una hora treinta escaleras, y después veinte, y luego cuarenta, y hablará con diez ó doce personas, por hacer un favor á un desconocido que se ha presentado inopinadamente en su casa; él, en fin, el día que vaj a á recibir una merced ó cargo que tienen empeño en conferirle, no se presentará á recibir tal don y dejará descuidado que marche sola la vida con sus altos y bajos. Este es el queridísimo amigo Carlos. No lo hemos conocido pero sentimos por estas grandes figuras que la historia ha olvidado y que serán las primeras algún día, una profunda simpatía. ¿Qué valen al lado de estos puros espíritus los que han llenado las Gacelas y el Parlamento con sus voces y con sus prosas? El día 17 de Junio de 1871 el periódico La Nación publicaba en el más lejano rincón de su tercera plana esta noticia: El distinguido escritor D. Carlos Rubio ha fallecido á las doce del día de hoy. Es una gran pérdida para las letras y la patria española. Debajo viene el pie de imprenta que dice: Madrid. 1871, Imprenta á cargo de J. M. Earaldo, Sordo, 4, dup. AZORÍN