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COXvOQXJIO P E R S O N A J E S M E R C E D E S s ¿etc años. J o S É MARÍA, ocho añas. E L PAPÁ. Jís de noche. En el comedor de una casa elegante. T Q S É M A R Í A y M E R C E D E S Jmitoála chimenea, sentados en sendos y re. petahles sillones, departen gravemente. Da el reloj. MERCEDES. el luto gris de Jas cenizas; suscitanse chisporroteos cada ve nástemirs. yiy l C. V, i- y S y o? th MÚ. conteniplan el hogar, y poco d poco van durmiéndose como la lumbre. La crepitación de un tronco que C 7 uje con estrepito les despierta. (Contajtdo atentame- nle. U n a dos, treS siete... once... Oye, José María, las once es media noche? JOSÉ MAEÍA. No; las once son las once; la media noche es á las doce. METÍOEDKS. Josii M A R Í Pero las doce también son las doce No importa; es media noche MlíKCEDES. ¿Quién te lo ha dicho? JOSÉ MAKÍ- Yo que lo sé. MKRCEDES. ¿Y en qué se conoce? JOSÉ MAEÍ. En que está muy obscuro. MURCEDBS. ¿Y si enciendes la luz? JOSÉ MARÍA. Muy obscuro en la calle. MERCEDES. Acercándose al balcón) También ahora está muy obscuro en la calle. J O S É M A R Í A Pero á luedia noche está más. MHRCEDES. ¿Más que nunca? J O S É M A R Í A Más que nunca. MERCEDES. Oj; e ¿y cómo se conoce cuando está más obscuro que nunca? J O S É M A R Í A ¡Qué pesada te pones! MERCEDES. Di que no lo sabes. Como á media J O S É M A R Í A noche siempre estás en la cama... Eso es mentira. MERCEDES. No se dice es mentira se dice te J O S É M A R Í A equivocas MERCEDES, Bueno; pues te equivocas. ¿Que me equivoco? ¿Cuándo te has J O S É M A R Í A acostado tú después de las nueve? MERCEDES. Hoy. JOSÉ MARÍA. Hoy no cuenta. MERCEDES. Y el día de Navidad. JOSÉ MARÍA, ¡Toma! ese día también yo. MERCEDES. Ya ves. JOSÉ MARÍA. ¿Y qué? Nada; que á las doce en punto encenMERCEDES. dieron el árbol. Y mira t ú ahora que me acuerdo JOSÉ MARÍA aquella noche no hubo media noche ¿Que no hubo media noche? MERCEDES. No, hijito, porque había muchísima J O S É M A R Í A luz. ¿Ea del árbol? MERCEDES. No, la de la luna; miré por el balcón bien me acuerdo, y estaba el suelo tan blanco, tan blanco que daba frío verlo. Ya ves cómo eso de lo obscuro no sirve de nada. (Paiisa. M E R C E D E S saborea el triunfo de su dialéctica y J O S E M A R Í A disimula szt despecho hojeando con aires de nificiencia un periódico que toma del velador. Mercedes le mira y se echa á reir. JOSÉ MARÍA. MERCEDES. X. ív. ir (Enfurruñándose. ¿De q u é te ríes? De verte tan serio. Pareces un papá de casa de muñecas. Jo É M A R Í A ¡Pues mira que tú en esa butaca! No te llegan los pies al suelo. MERCEDES. Ni á ti tampoco; y eso que tienes un ano mas que yo. J O S É M A R Í A Pero tú no sabes dividir. MERCEDES. Pero sé hacer calados de vainica. JOSÉ MARÍA. ¡Bah! Cosas de mujeres... MERCEDES. Si, de mujeres; mamá es mujer y dice J O S É MARÍ. A. que no sabe. MERCEDES. ¡Querrás tú saber más que mamá! ¡Qué tonto eres! Pausa. En la chimenea adonizan los troncos, vistiéndose