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NOTAS DR VIAJE; LOS POBRES PERROS BELGAS K D el comercio callejero de Flandes: las campesinas, con sus almidonadas tocas de otros sigilos, vienen á la ciudad flamante, á la Bruselas de Leopoldo, trayendo á los cortesanos golosos la leche y las legumbres, fruto de la llanura. Son flamencas; hablan el dialecto neerlandés, especie de alemán rudimentario y asidero; los rostros, mal tallados bocetos de escultura humana; las cabelleras, abundantes, de un r u b i o de viruta seco y mustio; llevan la mercancía- -cántaras- lecheras de metal reluciente, polícroma hortaliza- -en carritos bajos tirados por perros. Aquí el perro es una triste raza trabajadora; tirando del carrito en las horas de marcha, atado bajo él en las de reposo ladra t e n a z m e n t e con un aullido l a m e n t a b l e que es casi una protesta; en los alrededores del mercado hay toda, la m a ñ a n a un concierto de caninos lamentos; como ácompás, precisamente, inf a t i g a b l e m e n t e ladran los unos y tras una pausa responden los otros, contándose, s i n d u d a la c u i t a grande de estar cautivos b a j o las ruedas del a r m a t o s t e á la sombra, sobre las losas húmedas, cuando haj por el mundo tantos rincones donde da el sol, donde la tierra está caliente, donde sería grato tumbarse en rueda, bostezar, cazar una mosca, echar la siesta; cuando hay tantas calles y tantos caminos por los- cuales vagan, sin mordaza, sin riendas, perros libres, vagos de carretera, lazarillos de ciego soñador, lebreles nobles en la noble casa. Sí, sí; todo esto lo gime el aullido tenaz; acaso un perro venido de lejos ha dicho á estos esclavos la golosina de la pitanza hurtada, de la fuga entre gritos y piedras, del amor á todos los vientos en un pueblo meridional y azul, porque ellos, nacidos en servidumbre, plañen como si hubiesen perdido algo, bajo este cielo gris, sobre esta nieve, en este invierno inacabable. Tienen cabezas grandes, ojos buenos é imbéciles, movimientos acompasados; son como una obsesión en la ciudad, como un emblema abrumador de la ley del trabajo, aquí tirana, ineludible, sin vacaciones imprevistas, sin posibilidad de hacer novillos, -i sin escapatorias de cuerpo ni de espíritu. ¡Oh, un perro libre y un alma loca! No los busquéis en esta TM tierra pacífica y legal, que todo lo ha previsto, donde no se comprenden las formidables interrogaciones sin respuesta. Un perro libre! ¿Sabéis donde se encuentra en Bruselas? Pintado únicamente, y en un cuadro español: es un galgo admirable de Zuloaga, que bajo un cielo añil ostenta con empacj ue su línea elegantísima de perro bohemio, perro con ojos vivos, con hocico agudo, con patas finas, que recibe con desdén de buen tono la caricia de unas manos de buena moza. Sin duda, los pobres perros belgas presienten la superioridad dichosa de este perro de lispaña, vago, elegante y libre, y aullan de envidia. G. M A R T Í N B Z SIERRA Bruselas, Marzo igo 6.