Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
F K; E K 2; A kuÉ pasión tan corrosiva, tan pérfida y tan tenaz es la pereza! Tal vez no haya ninguna que se adueñe de nosotros tan plenamente. Los médicos la atribuyen á la anemia, á la falta de savia que vitalice la voluntad. Todos sabemos, sin embargo, que un gran caudal sanguíneo no se opone á la pereza. Gustamos de vagar á la intemperie, de esparcir el ánimo, libre de cuidados, al amor de las cosas exteriores, pero el esfuerzo nos repugna. Nuestro antepasado el hombre primitivo, amaba el ocio feliz y el vagabundaie incierto, la vida nómada y sin inquietudes. Vivía sin afanes. En estos abandonos ó desfallecimientos de nuestra energía, de nuestro ahinco en el desear, pues á eso equivale la pereza, ¿habrá un síntoma atávico? Nuestro antepasado no necesitaba esforzarse mucho para comer; no acordonadas las cosas por el bardal del derecho, todo era suyo, todo estaba á su alcance: mamíferos, peces, aves y frutos. Y como la inocencia era la cualidad fija de todos los seres, nada se sustraía á la codicia del hombre; todo caía en su poder. Después acá, las bestias, hostigadas siempre por el hombre, se han hecho inteligentes, astutas, laboriosas, taimadas. Hoy, el santo de Asís no podría acercarse á una paloma sin alarmarla y ponerla en fuga, porque la mansa ave lo teme todo de nuestra crueldad; ni San Antonio ni San Jerónimo podrían transcurrir dilatadas etapas de tiempo en la vecindad de las fieras del desierto sin ser devorados. La inocencia, que fué, según parece, virtud indispensable para franquear las pnertas del Paraíso, es hoy dote que humilla y expone á riesgos y burlas... A L, a. pereza! ¿Quién ha logrado sustraerse por entero á sus falaces tentacione- s? ¿Quién se ha sobrepuesto á sus asechanzas? Hace tres días que la idea, el propósito y la necesidad de escribir me vienen socavando. He diferido el proyecto en nombre de razones que considero de bulto. En primer lugar, ¿para qué escribir? ¿Qué eficacia tiene la letra de molde? ¿Qué número de cosas es lícito decir en España sin que la gente se alarme? En esta aldea de la costa vasca en que ti- anRonrrp sosegadamente un veraneo, he visto algo que me ha persuadido de la vanidad inherente á la letra de molde. Es un anciano socarrón y miope que me despierta todas las mañanas anunciando A grito herido y tambor batiente lo que interesa en el pueblo: las procesióne. s, el movimiento de las tarifas en los mercados y la copia de frutos que llegan para el con. sumo, las fiestas con que el Municipio se hace la ilusión de retener al forastero, como si ese mar Cantábrico que azulea y brama ante nuestros embelesados ojos no bastara á seducirnos; lo que se pierde y lo que se encuentra, el deseo del particular y el interés del comerciante; todo llega á nuestro conocimiento desde el tambor del pregonero. ¿No es eso más simple, más humilde y quizás más útil que el periódico? Los que sueñan con transformar la Prensa en una sucesión de sensaciones gráficas, aciertan. I eer es penoso y casi siempre insano. T) e cien casos, en noventa y nueve el lector es más inteligente y culto que el periodista. ¿Con qué derecho retiene éste la atención de aquél? I,o más discreto es callar. Magna líbidú tacendi. ha dicho el poeta. Si yo ahora, sustrayéndome al encanto un poco enervante pero dulce de esta atmósfera costanera que invita al sueño, requiero la pluma, ¿qué le diré al público que el público no sepa? T, os cronistas- -algunos, no todos- -han dado en la flor de contarle á la gente sus intimidades, sus menudencias privadas, y sobre tomarlo por confidente, cobran. ¿No se os antoja absurda la costumbre? ¡Líbreme Dios de caer en esa puerilidad! Lector, ahí va lo que yo considero honrado el contarte, ya que la historia de mis aventuras sentimentales debe inspirarte por lo menos tanto desdén como á mí. Hay en este rincón de la costa un pueblecito que llaman Motrico; es muy lindo y muy hospitalario. El caserío, blanco y multiforme, se apelotona sobre los mismos peñascales que baña el mar, y una doble hilera de hotelitos flanquea el monte poblado de acebos, castaños silvestres, maguillos y aborrascadas matas dejara. Si amas la paz y la pereza- -esos dos placeres del alma y del cuerpo, -ven. Aquí no hay literatos ni periódicos. DIBUJO DB ALBERTI M A N U E L BUENO