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ELREALSÍTIODE S. ILDEFONSO A memoria de Versalles, donde el rey Felipe V jugara de niño, y la resolución de retirarse á un lugar apartado en los últimos años de su vida, dedicando ésta, dice un biógrafo del citado Monarca, al sacrificio decidió á aquél á construir el palacio y jardines del Real Sitio de San Ildefonso ó la Granja. No era desconocida por nuestros Reyes anteriores la hermosura y amenidad de estos lugares; ya en 1450 mandó el re -D. Enrique IV erigir én aquel sitio una ermita dedicada á San Ildefonso, ermita que los Reyes Católicos cedieron á los monjes de la Orden de San Jerónimo, del Monasterio del Parral, de Segovia. Los monjes edificaron años después para su recreo, cerca de la ermita, una granja, de donde viene el sobrenombre de este Real Sitio. Cedieron sus tierras al Rey los frailes de la Orden de San Jerónimo en 1742, mediante una renta anual de i.ooo ducados y cien fanegas de sal conrún, y todavía antes de comenzar las obras adquirió el Rey de la muj- noble Junta de Linajes, de Segovia, 20 T fanegas de tierra de monte por 80.000 reales, y además aprovechamiento de 55.482 pinos que se consumieron en la construcción de edificios; y la ciudad de Segovia hizo donación gratuita al Monarca de 192 fanegas de terreno, pedazo que se destinó á estanque grande. Demoliéronse laderas, desmocháronse picachos; se rellenaron valles y hondonadas; convirtiéronse en fuentes los arroyos; labráronse tazas de prolija labor; se cincelaron estatuas, y ei arte de la jardinería trazó prodigiosos pensiles en lo que era lugar abrupto; se hicieron plantaciones de tilos y de otras diversas especies de árboles, y en forma de semicirculo, en la ladera occidental de los históricos montes Carpetanos, surgió aquella maravilla, obra concertada del arte y de la Naturaleza. Este es el lugar elegido, según se dice, por D. Alfonso para pasar con su esposa la reina Victoria los días primeros de su luna de miel. Afírmase por otros que el Rey gozará esos venturosos días en Aranjuez; pero cualquiera que fuese la decisión del Monarca, ambos lugares parecen escogidos para que en ellos se deslicen horas de amor y de felicidad Bajo las arboledas de I a Granja, habitadas por evocaciones de la mitología clásica, por dríadas y faunos, por ninfas y semidioses, que miran desde el fondo de las calles de tilos ó que ocultan en la fronda su espiritual desnudez; al blando ruido de las brisas suaves que agitan las ramas de los árboles y al dulce murmullo de las fuentes, es grato platicar de amores, mientras las sombras de la noche en estos bellísimos crepúsculos vespertinos de la primavera van envolviendo la tierra de melancólica tristeza y se van encendiendo las estrellas en el cielo y las luces en las viviendas humanas; y es también grato á la hora de la siesta gozar de la frescura de las verdes hojas, aspirar el aroma de los alelíes v de las madreselvas, oir el rumor sonoro de las cataratas y ver el agua subir á gran altura y deshacerse luego en caprichosos giros, en mágicas figuras ó desparramarse en vistosos cambiantes Que tienden ante los ojos una plateada neblina azul, mientras se pronuncian ó se escuchan apasionadas frases de santo amor. VIRGILIO COLCHERO l í B J- i j Vi M frf Vi. lYt. T. co- c