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REAL SITIO DEL PARDO UKN acuerdo tuvo el Rey al determinar que se reformara el Palacio de KÍ Pardo para que sirviese de morada á su prometida en los días que precedieran á sus desposorios. La historia de este Alcázar es floriosa. línrique 111 se hizo construir una casa de placer en ue descansar de sus expediciones venatorias, casa que mandó demoler Carlos V, encomendando al arquitecto Luis de Veg- a la edificación de un palacio, (lue el Jíniperador no pudo ver concluido porque, quebrantado de cuerpo v esjiíritu. retiróse para tomar sosie í- o á Ynste, donde murió. En 1604, un incendio destruyó niiic i.i s d é l a s riquezas que el palacio guardaba. 7 elipe lU ordenó la reparación, v Sai) at- ni pi- ocedió, en el reinado de Carlos III, á ensanchar el Vlcázar regio, que no tenía, diré Llaguno, suficiente buque para que en él se alojase la familia real líxten. sa relación hacen los historiadores de las joyas artísticas (jue el Palacio de KI P. ardo contenía, de los tapices magníficos y valiosas pinturas al fresco que decoraban sus tedios v aredes, de las cuales se han perdido muchas por las reparaciones que allí se lian íicclio v por el incendio ocurrido en 1604. Los nombres, (pie Mado cita rolijameiite, de lo; artistas cuyas obras realzaban aquellos aposentos, son fianza de las riquezas (lue contenía. Aún se conserva de esto la mayor parte, y en los días de su estancia en Kl Pardo lo habrá admirado nucr. tra hermosa Keina. Carducho, Caxes, (raspar Becerra, Soto, Cabrera. Maella, Bayeu, el IÍ TH ÍIO Morale. s y el sin par 1) Francisco de Ooya y Lucientes, dejaron allí muestra do su genio. Kl arte moderno estát iriibién representado por algunas obras del insigne Perrant. Dependen del Keal Sitio de líl Pardo otros muchos edificios que, como la Zarzuela, construido por el infante ü. I niaiido, gobernador de Flandes, están llenos de recuerdos liistórieos. Ivealce extraordinario dieron las obras últimas efectuadas al iíegio- Vlcázar de Ivl Pardo, el nuevo decorado y servicio de luz eléctrica, de agua, de alfombras y tapicería, de muebles y personal, las reformas, en fin, que se hicieron por orden de Don Alfonso X I I I Lxtremóse el arreglo en las habitaciones que ocupó la Princesa, donde 110 faltaba detalle. Lleváronse de Araiijuez á El Pardo las anti (piísimas y soberbias arañas pie, por su aspecto y labor maravillosa, no tienen rival; se reformó el recinto del teatro, en el cual, como os sabido, María Tubau encantó á la Princesa representando con la maestría e. vquisita qiie le es característica, y se revocaron la. s fachadas del edificio. Días de luz y de amor fueron los pasados en l l Pardo por la reina Victoria: allí llegaban los t renes atestad os de vi ajeros, cpie de iMadrid acudían á contemjilarla. Constantemente, de día y de noche, un numeroso púl) lico aguardaba el instante en (pie la egreg. a prometida de Don Alfonso saliera, y clladel: e haberse sentido halagada ai recibir una ofrenda tan respetuos a tan solemne del cariño con que se la acogiera, de la ferviente admiracKÍn (jiic su presencia despertara. Velaban por la Princesa, cu lo exterior, la solicitud y el amor de 1 1 pueblo, defensa más 11 valiosa (jue los fuertes muros y los profundos fosos del Palacio, -en el interior de éste, los rendimientos de un Rey enamorado, que allí, para agasajarla, había reunido magnificencias de su poder, y delicadezas y cuidados en iie sólo piensa quien siente su alma removida por un vivísimo y fino afecto. R F A I PALACIO DE E PiVRDO Fot. Frcn (i n! a