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STE número, dedicado á conmemorar el fausto acontecimiento que á Madrid ha traído desde los más remotos países y de todos los ámbitos de la Nación muchedumbre de personas, no fué pensado, ciertamente, sino para narrar los actos y ceremonias más interesantes de las bodas Reales, para referir el suceso histórico que se celebró felizmente en la iglesia de San Jerónimo, é informar á nuestros lectores de los regocijos públicos, del entusiasmo de los españoles al contemplar la dicha de un Rey en cuya juventud y grandes dotes cifra España esperanzas de mejoramiento y prosperidad. Escrita estaba ya la felicitación de BLANCO Y NEGRO al Rey por haber, á un mismo tiempo, acertado á escoger esposa digna de compartir con él el Trono, y grata a l a Nación; rendíamos también á la augusta dama, que ciñe ya á sus sienes la regia diadema, el homenaje de fidelidad, de respeto y de amor que le es debido. Bien venida sea, decíamos, á nuestro patrio solar, la egregia esposa de D. Alfonso XIII; que el entusiasmo ferviente con que fué recibida, los vítores con que fué aclamada, hallen acogida en el corazón de la reina Victoria y le afirmen en sus nativos sentimientos de magnanimidad, de tal modo, que al hacer la dicha del hogar regio durante un tiempo sin horas ni medida, al sostener el grande ánimo del Monarca para que sobrelleve la pesadumbre de sus graves cuidados, de sus deberes y altas responsabilidades, no olvide á los españoles y emule en nuestra patria las prosperidades que para Inglaterra logró su egregia abuela la difunta reina de la Gran Bretaña. A continuación relatábamos sucintamente la solemne ceremonia de los desposorios, y seguía extensa información gráfica del desfile de la comitiva regia por las calles, vestidas de gala llenas de gente ávida de contemplar la hermosura de la Reina y el contento del Rey. Ni las personas de edad más avanzada recuerdan una alegría tan general, tan espontánea, tan profunda, ni los más viejos habían visto nunca entusiasmo tan delirante. De repente, un criminal rompió el regocijo que españoles y extranjeros sentíamos; un enemigo de la sociedad, del orden, del derecho, sembró la muerte, y al atentar contra la vida de los Reyes, que para bien de todos resultaron ilesos, al cometer el delito de lesa majestad, cometió un crimen de lesa patria y manchó de sangre inocente la alegría nacional. Madrid entero se conmovió; en los primeros instantes nadie creía la noticia; después, al darse cuenta el pueblo de la verdad de lo ocurrido, la indignación fué extraordinaria. Escríbense estas líneas bajo la impresión primera que n o s produjo el crimen. Constantemente llegan á nosotros detalles triístísimos. Nunca pensamos en ser cronistas de la muerte, en vez de serlo de venturas, de magnificencias 3 espleüdores; nunca creímos que nos habríamos de ver obligados á relatar desgracias y tristezas, en lugar de ref rir dichas regias y festejos populares. Confesamos que es nuestra indignación tan grande como nuestra pena. Al duelo público por xas victimas del trágico suceso nos asociamos nosotros, como también á la felicitación unánime que España entera enviará á sus Reyes por no haber sufrido lesión. Estos crímenes no son raciles de evitar, así lo reconocemos; en los países más adelantados ocurren, por desgracia, cada día espantosas traEI. PRIMER RAMO DK FLORES QTJE RECIETO LA PRINCESA VICTORIA ETIGENIA E gedias como la que lamentamos. AL ENTRAR EN ESPAÑA m Kivero