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Cesamiento de Alfonso YO! de Castilla con Leonor de Inglaterra UY graves negocios de Estado hubieron de conocer las Cortes celebradas en Burgos el año 1170. Si el Rey estaba deseoso de empuñar el cetro, no lo deseaban menos los subditos, para que cesaran de una vez los desmanes y la Isorrasca deshecha de ambiciones que conturbaron el Reino durante la menor edad del Monarca. Declarada, pues, la mayoría de D. Alfonso VIII, trataron los Procuradores, por vez primera en España, de negocio tan importante como el de elegir esposa para el Monarca, y decidieron, después de muchas vacilaciones, gestionar el matrimonio del Rey con la nobilisima princesa Leonor, hija de Enrique II de Inglaterra, de la familia de los Plantagenet. Tuvieron las Cortes en cuenta, para decidirse por Leonor, la fama de las virtudes de la Princesa, su hermosura y también la de ser el Rey de Inglaterra señor de (5 ascuña, estado limítrofe con la tierra española de Guipúzcoa. En cumplimiento de lo acordado por las Cortes, partió para Gascuña una muy lucida embajada. Llegaron jironto á Burgos nuevas de la buena acogida que la proposición de los embajadores había tenido, y D. Alfonso entonces, celebrado que hubo una entrevista y conferencia en Sahagún con el Monarca de Aragón, fué á Zaragoza y desde allí envió á Francia gente muy calificada y noble para que recibieran á doña I eonor. De los miembros de esta segunda embajada hace minuciosa relación Zurita, historiador sapientísimo, de quien dijo un extranjero: tíólo una nación lo posee, para envidia de las demás. Determinó el rey de Castilla que los desposorios suyos se celebrasen en la nobilísima ciudad de Tarazona, con asistencia de; rey de Aragón y de las damas, clerecía y nobleza de ambos reinos aragonés y castellano, y á Tarazona fué á esperar á su futura esposa. Cargados de fruta estaban aquel mes de Septiembre de 1170 los árboles de la vega feraz de Tarazona, cuando una mañana llegó un correo anunciador de la llegada de la Princesa. A encontrarla salieron los dos Revés españole- s y en las afueras la vieron que venía rodeada de su comitiva de arzobispos, obispos, condes y nobleza de España, Francia é Inglaterra. Al ver al Rey, adelantóse ápie doña Leonor, que vestía riquísimas galas dispuestas según las modas inglesa y francesa. Hizo lo propio el Rey de Castilla, cambiáronse miradas de amor y saludos respetuosos, y de allí á pocos días, entre mucb. as fiestas y regocijos, bailes, iluminaciones y encuentros de caballeros, se verificaron los desposorios. Concurrieron á Tarazona nobles y villanos de todos los confines de España, para dar esplendor á las fiestas les primeros, para gozar de ellas los otros, y con ellos acudió buen golpe de gente maleante á la olilla de limosnas, mercedes y ganancias. Terminados los festejos, el rey D. Alfonso con su esposa doña Leonor partiéronse para Burgos, donde con no menos esplendor, fausto y alegría verificáronse las bodas, de cuya unión feliz nacieron doña Berenguela la Grande, madre del glorioso rey San F ernando, y doña Blanca, madre de San Luis, rey de Francia. DIBUJO ÜE MÉNDEZ B R I N C A