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L ¿SM J -S LOS SANATORIOS MARÍTIMOS EN PORTUGAL I ARA convencerse del grado de cultura de un país, no hay más sino fijarse en la atención que presta á cuanto se relaciona con la protección á la infancia enferma ó abandonada; durante el Congreso Internacional de Medicina que se acaba de celebrar en Lisboa, hemos visto cor verdadera sorpresa y hasta con envidia el vigoroso desarrollo que han adquirido los Sanatorios ma rítimos, en tanto que en nuestro país, á pesar de los incesantes esfuerzos del ilustre médico mi que rido amigo el doctor Tolosa Latour, no ha podido conseguirse ver terminado el de Santa Clara, en Chipiona, que hace años se comenzó á construir. No es este el momento oportuno para disertar acerca de la necesidad en que todos los pueblos se encuentran de multiplicar estos benéficos establecimientos donde se curan tantos escrofulosos, se evitan dolorosas operaciones quirúrgicas, se restan muchas cifras de muertes debidas a l a tuberculosis, y se establece la más segura y positiva manera de evitar la propagación de esta terrible dolencia. Penetrados de estas verdades, los especialistas de enfermedades de niños han hecho vigorosa campaña en todo el mundo, y las naciones más cultas se han apresurado á poner en práctica las medidas por ellos aconsejadas, habiéndose multiplicado prodigiosamente los Sanatorios marítimos. Portugal no ha quedado á la zaga en este hermoso palenque de la caridad, y en poco tiempo ha establecido los tres Sanatorios marítimos que hemos tenido ocasión de visitar durante los días que hemos permanecido en la hermosa capital del vecino reino. Está emplazado el primero en Outao, y su situación no puede ser más espléndida. el edificio que le constituye era un antiguo fuerte cedido por el Estado para esta obra benéfica, y mediante cuantiosos donativos, debidos la mayoría á la bondad inagotable de S. M. la Reina Amelia, ha quedado convertida la vetusta fortaleza en un soberbio Sanatorio con hermosa y tranquila playa, dormitorios espaciosísimos donde la luz y el aire entran á torrentes; allí son acogidos los niños escrofulosos, y allí vimos retratados en diversas criaturas las más variadas clases de esta dolencia. Los niños son admitidos de cuatro á catorce años; permanecen todo el día al aire libre, practicando moderados ejercicios físicos (juegos de corro, marcha, paseos lentos, cantos, etc. no existe escuela; hacen cuatro comidas diarias, muy suculentas; sólo toman- -los que ajuicio del médico- director lo precisan- -aceite de hígado de bacalao durante los meses de Koviembre á Marzo, algún preparado de arsénico ó de iodo y hierro; á e. sto queda reducido el arsenal farmacológico de aquel establecimiento; lo demás se confía todo á la Naturaleza, que obra tales prodigios, que desde que se inauguró el Sanatorio en Junio de 1900 hasta el mismo mes de 1904, han sido admitidos 166 pacientes, de los cuales han salido curados, ó notablemente mejorados, 93; en el Sanatorio que nos viene ocupando, sólo se admiten niñas, y el día de nuestra visita existían 70 en tratamiento, estándose realizando obras para poder albergar hasta 100. Dirige este Sanatorio el doctor Calheiros, anciano venerable, que mira como hijas á todas las acogidas; en la interesante conferencia que con él celebré, se mostró entusiasta partidario de esta institución; me dijo eran necesarios seis meses por lo menos de permanencia en el Sanatorio para lograr algún resultado, siendo lo más conveniente que los niños estén el mayor tiempo posible á orillas del mar: su experiencia le ha demostrado que la escrófula ganglionar es la que mejor cura; ha visto muchos tumores blancos en rodillas, codos, cadera, etc. en plena supuración, curarse milagrosamente; en todos los pacientes se observa una notable mejoría, habiéndome referido el caso de una niña que en un año de tratamiento marítimo llegó á ganar 20 kilos de peso. En el Sanatorio de Carcavellos, para niños, que dirige el simpático y muy ilustrado doctor Almeida, se han obtenido análogos beneficios: de 53 pequeños tratados durante un año, 26 salieron muy mejorados, 23 aliviados, dos seguían lo mismo y dos murieron. El Sanatorio de Santa Ana, de fundación particular, es el más suntuoso, y en él, á más de los pabellones destinados á niños, existen otros dos aislados para enfermos cardíacos y cancerosos. Si á esto se agrega el soberbio Dispensario para tratar á tuberculosos adultos, inaugurado durante los días del Congreso, podrá formarse idea del vigor con que en Portugal se ha empezado la lucha contra el más terrible de los azotes que hoy afligen á la humanidad: la tisis. Según un notable trabajo del profesor Lencastre presentado al Congreso, España, con 18 millones de habitantes, pierde 5.000 individuos por millón cada año por tuberculosis, en tanto que Inglaterra, con 42, sólo pierde 1.500; ba. stan estos datos para dar idea del valor que tienen las medidas adoptadas por todos los pueblos cultos para prevenir los estragos de la tuberculosis, entre las cuales figura en primera línea la creación de Sanatorios marítimos para niños escrofulosos. Las clases directoras de Portugal están plenamente convencidas de su eficacia, y secundando las nobles iniciativas de S. M. la Reina Amelia, se ocupan con preferente atención de tan vitales asuntos, mientras que en nuestra desdichada Nación regístranse cifras de mortalidad espantosas en los niños, y en los adultos millares de defunciones debidas á la tuberculosis, sin que se ocurra á nuestros ilustres y adinerados ocuparse de ningún género de profilaxis, sin perjuicio de protestar y hasta blasfemar cuando ven muertos á s u s hijos por el germen que les transmitió el pobre, habiéndose podido salvar ambos con un poco más de caridad y amor hacia los niños pobres 3 enfermos. Lüioa, Abril igo 6. DR. CALATRAVENO