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Por otra parte, el higar en que las representaciones se celebraron, hállaíe situado á corta distancia de Nancj y un servicio completo de tranvías eléctricos hacía fácil la comunicación entre la ciudad y el teatro. Siempre los franceses se esfuerzan en hacer grata la estancia y cómodo el viaje álos lugares donde les conviene atraer mucho público. No volverá á representarse la Pasión en Nancy hasta el año 1915, porque el autor ilustre del drama religioso simbólico de que nos hemos ocupado, decidió que tan hermosa fiesta se celebrase cada diez años. Hecha la anterior referencia acerca del poema dramático, del genio y de la constancia de su autor insigne, del teatro y de los elementos todos que intervienen en la representación, debemos insistir en la importancia y la significación de esta clase de espectáculos. En España, donde ia fe religiosa es aún más acendrada que en la nación vecina, y en donde en casi todas las ciudades se celebra con solemnidad suntuosa la Semana Santa, debieran promoverse fiestas como las decenales de Nar. cy, que elevan el espiníu y lo dignifican. Fácil sería en nuestra Patria popularizar y extender el teatro, hasta hacer de la escena lo que debe ser, fiiente constante y perenne de goces espirituales, que en vano, con ninguna clase de espectáculos, puede conseguirse. El abate de Nancy, que sobre ser un gran poeta es un verdadero sabio, aprovechó las reminiscencias del arte dramático medioeval para conseguir que de todas partes acudiese gente á presenciar la representación de su poema. j ació el drama moderno en Erancia como en España, oajo la bóveda de los templos, 3 pronto logró adquirir vida prospera é independiente, desarraigando del pueblo el depravado gusto de satisfacer su alma con la contemplación de las groseras pantomimas, legado de la P. oma imperial. Las bailarinas, que los poetas como el gran epigramático Marcial celebraron, y de las cuales hubo algunas famo- ísimas, como la gaditana Theletusa, fueron intrigando el gusto del público hasta convertir el teatro en una escuela de depravación y de inmoralidad. Eos Padres de a Iglesia española, entre ellos San Isidoro, consintieron en llevar el teatro á los templos, pensando por este medio daile un carácter religioso, pero no tardó el gran arte en secularizarse, en extenderse, porque no hay idea, por grande que ésta fuere, capaz de hacer de la escena un patrimonio exclusivo. Eas manifestaciones de la fe cristiana vivieron en España vida sin igual; á los misterios siguieron los dramas devotos, y después esa magnífica y gloriosa literatura que cristalizó en los autos sacramentales luego de instituida la festividad del Corpus. Tenemos, pues, aquí medios de resucitar nuestras tradiciones, de magnificar j engrandecer nuestro teatro, y debemos aprovech rlos para que la cultura se extienda y la fe se arraigue. ERANCISCO D E POT. IIUTIN TRAMPUS EARES KL UESCF. NniMIF. NTO DEI, SANTO CUERPO DE CRISTO