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singular y, tan caractens co, que sm decir nada concretamente, á voces está proclamando el, suceso de que es precursor. Entonces, los muchachos se encaraman á las rejas en las calles, á los árboles en las plazas, y la muchedumbre se oprime contra las paredes ó entre los portales, porque en ciertas angosturas no caben los fieles y la procesión conjuntamente. Después que la procesión ha cruzado por un sitio, gran parte de los espectadores que en él se hallaban se precipitan por las calles adyacentes, ansiosos de tomar nuevas posiciones para presenciarla ótrá vez, y como j a encuentran ocupado el reducido espacio, hay un momento de acomodación en que la muchedumbre oscila en incesantes oleadas, en que los murmullos y las imprecaciones toman formas agudas, en que algunas veces la blasfemia culebrea frente á las imágenes, en que la irreverencia agita su cabeza de Medusa; pero cuando brilla el fulgor de las primeras luces, los ánimos se aquietan, la multitud se Ordena, y un prolongado murmullo de expectación se extiende por la calle tortuosa. I a procesión del Viernes Santo en Toledo se nos presenta más bella en el recuerdo que en el instante de presenciarla, porque en las grandes síntesis que ofrece la memoria se confunden y compenetran la fiesta religiosa y el medio que la rodea, constituyendo una sustantividad de atracción y de encanto extraordinarios. El pueblo de Madrid, que acude en tan memorable día á la imperial ciudad, conserva con deleite en su alma esta profunda huella, y al mirar el contraste que le muestran estas amplias vías de la Corte, indiferentes, monótonas, regulares, sin ningún carácter propio, se agolpan con m á s fuerza en su cerebro las impresiones severas de la procesión toledana, la solemnidad de aquellos mo- nümentos, la melancolía de aquellas encrucijadas, la energía brutal del Tajo, que se abre paso entre gigantescos peñascales, y todo parece decirle que llega á la ciudad del escepticismo procedente de la metrópoli de los viejos amores, y el hijo del pueblo, a pesar de la frivolidad y de la indiferencia de que se halla contaminado, siente que dentro de su cuerpo se pone de rodillas su espíritu. FOTS. GARCES R. VFAEi TORRÓME PASO DIS LA. CALLE D É LA A J I A S G U R A