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sombras el que creó los soles, en que va la muerte á recibir al que es inmortal; un último espasmo recorre la carne doliente del Rey de los judíos; un estertor final se escucha; sube del fondo de los pulmones al borde de los labios cianóticos una voz que murmura: Consumaíumsst, y llénanse al cabo nuestros ojos de lágrimas, nuestra garganta de sollozos Detrás del Hijo camina la Madre: sigúele siempre amorosa y angustiada: ya es la Virgen de la Hiniesta, de Montañés, de labor escultural que maravilla; ya la de la Estrella, del mismo autor; bien la veis sola, como la Virgen de la Victoria ó la del Refugio, bien acompañada de las tres Marías y de San Juan, como en el Descendimiento, ó con el cuerpo exangüe del Redentor en el regazo. Ya se os aparece como la Madre de Dios d é l a Palma, contemplando tristemente á Jesús crucificado, ya vertiendo larga v e r a de llanto con el corazón lleno de mortal angustia como la Dolorosa, ya como la describe la saeta: Detrás dei Sepulcro va la estrella más relnciente: sus ojos parecen fuentes llorando la Soledad. Esta que veis es, en efecto, la Virgen de la Soledad, cu 3 o solo nombre enternece; ésta es la Madre que se ha quedado sin su Hijo, la que le vio entrar en Jerusalén un domingo entre alegrías y vítores, y caminar sobre palmas y ramas de olivo; la que le vio después vendido, preso, traído y llevado, como dice la saeta: Ya lo llevan, yíi lo traen por la calle la Amargura, Esa es la Madre que asistió trémula, aterrada, presa de mortal congoja, á los suplicios todos que uicieron sufrir á un Hijo inocente; ésta es la Madre que ha seguido á Jesús en todas las procesiones de Sevilla, como le siguió hace 1906 años la calle de la Amargura adelante, un día, un triste día del mes de Nisam. Ahora su dolor no tiene rival; ha pasado ante nosotros con distintos nombres: se ha llamado la Virgen de la Piedad, María Santísima del Buen Fin, la Virgen de las Angustias, la del Rosario, la de los Angeles; en este instante resume en uno todos los duelos, condensa en una todas las penas, las tristezas, los pesares todos; lleva el alma desolada, ya no ve al Plijo. La Virgen está sola. FOTS. BAEREKA Y S. BUTRÓN atado de pies y manos V amarrado á la columna. VIRGILIO COLCHERO LA VIRC 5 EN DEL ROSARIO, ESCULTURA DE PEDRO ROLDAN