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sado su intento de entrar en religión por tener que encargarse de svi familia á la muerte del padre, Saltillo tuvo en sí mismo el único guía, el único director artístico. Y así, sin maestros y sin otros modelos que los naturales, pudo interpretar la Divina Historia con la sencillez y la pureza que resplandecen en las páginas del Evangelio. ¿Quién no ha oído celebrar la belleza de esas esculturas, que tienen fama universal? Amante de la verdad y de la Naturaleza, Salzillo puso en sus obras un santo respeto á la Naturaleza y á la verdad. Humanas son sus figuras, y así entendió perfectamente, para que todos lo comprendieran, el pro fundo sentido del Misterio que se conmemora. El Hijo de Dios quiso hacerse hombre para enaltecer y sublimar todos los sufrimientos y todos los dolores de la vida; y ese dolor enaltecido, ese sufrimiento sublimado, rodea como umibo luminoso á todos los personajes que figuran en el drama del Calvario ¡Felipe interpretación la del artista: Así el pueblo puede sentir y emocionarse viendo desfilar ante sus ojos aquellas figuras doliente? entre las cuales cree vivir durante esos momentos de exaltación piadosa. Y son sinceras las lágrimas que corren por las mejillas de las mujeres, y sincero también el gesto de recogimiento que se marca en los duros semblantes varoniles... iVquí pasa el grupo de los doce apóstoles que van á compartir el cuerpo y la sangre del Redentor. La dulce y resignada mirada de Jesús baña con su luz á los discípulos, que parecen animarse y transfigurarse. En la mesa hay frutas frescas, llevadas en celoso IJUgi- I. A ORACIÓN DEI, HUERTO lato por los hermanos de la Cofradía. Y este detalle contribuye á dar apariencias de realidad al grupo, para herir 3 cautivar la ardiente imaginación del pueblo. He aquí la Oración del Huerto. Duermen los apóstoles San Pedro, San Juan y Santiago el Mayor. Vela Jesús, y desfallecido y trémulo eleva al cielo sus ojos, donde brilla la oración al Padre. Yrin Ángel le ayuda, le conforta y le sostiene. Es la encarnación más alta del espíritu puro, en cuanto un espíritu puede encerrfirse en la materialidad carnal. Es la misma envoltura, suave, transparente, impalpable, intangible, tenue, alada, vaporosa, que se puede concebir para dar forma humana al sueño de las vírgenes y á la ilusión más candida del hombre más sencillo. Nunca llegó m. ás alto el genio de un artista. Jamás pudo imaginarse obra más perfecta para expresar aquello que, por más perfecto, huye y escapa á los trabajos y desvelos de la imperfección humana. P l sentimiento popular, juzgando imposible para un hombre la ejecución de semejante maravilla, la atribuye una divina intervención. Cuenta la leyenda que una tarde llegó á casa de Salzillo un peregrino, á quién dio eh artista franca ho. spi-