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EL GENERAL CERERO p L día 29 del mes pasado dejó de existir el ge neral D. Rafael Cerero y Sanz, que había nacido el 13 de Noviembre de 1831. La existencia de este culto militar fué modesta, pero fecunda; procedía del arma de Ingenieros. Recién salido de la Academia, ideó un proj- ecto de fortificación de las plazas de Cádiz y Ceiita, que fué considerado como una obra de relevante mérito. Comisionado en el Extranjero para estudiar los progresos de la artillería da guerra, sus trabajos merecieron al ilustre técnico rápidos ascensos en su carrera. De Cuba, donde estuvo en 1872, pasó á Filadelfia como representante de nue. stras hoy perdidas provincias ultramarinas, en l a Exposición de 1876. Obtuvo allí dos medallas por sus obras científicas t i t u l a d a s Tratados especiales en la ciencia del ingeniero y Proyecto de poleas para levafilar pesos pequeños. -V- r w íi EL GKXERAL CERERO Fot. E- ran ea A su regreso de América fué elegido miembro de la Junta de Defensas del Reino y luego vocal de la Comi. sión de Reformas del Reino. Distinguióse como militar de valor en la campaña de Mindanao y puso de relieve sus dotes de mando en la Comandancia general de Meli 11 a. Fué jefe del cuarto militar del Rey. Descanse en paz. ESTRENO DE LA PRINCESA BEBE UNA ESCENA DEL ACTO TERCERO DE 2 LA PRINCESA BEBE DE DON JACINTO B E N W E N T E t ü t H. y N, H N la temporada de invierno, el nombre de Jacinto Benavente no desapareció de los carteles, y los personajes creados por él no han dejado de vivir ninguna noche. La última obra del autor de Lo cursi fué La Princesa Bebé, estrenada en el Español la noche del beneficio de María Guerrero. Autor j actriz fueron aplaudidísimos con justicia: ella creó un carácter, representó prodigiosamente; él, Benavente, nos presentó una narración dramática tejida de luz y de sombra; nos contó una lamentable historia, dividida en varios cuadros dramáticos, expuesta en un diálogo animado y vivo é impregnada de una filosofía pesimista no sensiblera, sino fina, suave, elegante y real. Ninguna obra moderna conocemos en que resplandezca de un modo más diáfano un pensamiento tan íntimo, de matices tan varios; en el lenguaje de Benavente no existe el artificio: está iluminado.