Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LJk TIO KI A- IDE M E: RE: X. TLY Juién nos había dicho que ya las novelas no tenían éxito, que ya nadie leía novelas, que ya ningún editor quería novelas? Lo que faltaba, sin duda, era un novelista capaz de entusiasmar al público. Así, en cuanto ese novelista ha aparecido, los libreros se han apresurado á disputarse sus páginas, seguros de hacer con ellas fortuna. En efecto; desde que al salir de la cárcel, absuelta por un jurado de admiradores de su belleza, la Sra. Merelly. cómplice del célebre Gallay, anunció que tenía escrita una novela, los editores de Europa entera se estremecieron de júbilo. Ella, c o m o es natural, dio su prosa al mej o r postor y ¡oh prodigios de la impaciencia! cuarentayochohoras desp u é s recibió l a s pruebas del volumen. Dentro de ocho días, dicen los per i ó d i c o s el tomo se p o n d r á á la venta. P e r o ocho días es mucho. El París m u n d a n o y noctámbulo no puede esperar tanto tiempo sin enterarse de lo que la heroína del m o m e n t o ha podido escribir durante los seis meses d e s u cautiverio. Era preciso adelantar f r a g m e n t o s é indiscreciones, y esto lo ha hecho, no el frivolo Gil Blas, ni el novelero Fígaro, ni el popular Matin, sino el sesudo, el solemne, el v e n e r a b l e Temps. L o s senadores y los a c a d é m i c o s que son los lectores m á s a s i d u o s del g r a n diario parisiense, han tenido, pues, esta vez más suerte quelosautomovilistas que l e e n h o j a s bulevarderas. Según la nueva escritora, su obra es una autobiografía indirecta, algo como un símbolo suntuoso de su vida de aventuras. En el primer capítulo, ella misma se representa en e l instante a q u é l e n que, por desgracia ó por fortuna, conoció á Gallay. He aquí la página inicial: Ella iba, aérea, por la vía desierta, y su silueta producía la impresión de una de esas mariposas brillantes que en las horas del crepúsculo vuelan entre la sombra. Los velos de su traje, agitados por una imperceptible brisa, ondulaban alrededor de su cuerpo con un ligero murmullo y parecían querer huir del aliento cálido de sus labios. En el rostro mate brillaban los oros y resplandecían las pedrei ías, formando un contraste de luz con la obscuridad de la cabellera. Sus pies descalzos hundíanse en una alfombra de áurea arena. ¿No es verdad que estas líneas bastan para dar una idea del tono y del estilo de la novela? Más que á Marcel Prevost, con quien la comparó Mitty en la audiencia, la Merelly me parece semejarse á Pierre Louys. Su imaginación está llena de nostalgias antiguas y sus sueños son lejanos. Ella misma lo dice: En mi novela, Gallay es un falso m a r a h t j a, ó mejor dicho, un wwt de latercerasecta índica: la secta de los negociantes. E n a m o r a d o loco de una bayadera, quesoy -o, sefinge g r a n s e ñ o r después de cometer un robo. C o n el oro robado, l a pareja se embarca en una galera de velas de púrpura, y se dirigehaciaGolconda, en donde un esclavo les tiene preparado ya un palacio de mármol rosa, de pórfiro, de ágata y ónix. Todos los que tomaron parte en mi aventura, reviven en la novela con trajes admirables de la India. Por desgracia, el Temps no ha conseguido, después de estas confidencias, ningún fragmento de la parte dramática de la obra. I a a u t o r a no quiere dar por ahora sino t r o z o s descriptiv o s como el que d e j o traducido y como el siguiente, en c ue la bayadera pasa a c o m p a ñ a n d o á su marahtj a: D e l a n t e marcha l a g r a c i o s a Marianka, indicando al extranjero su ruta. La bailadora se pone de pie y vuelve hacia él sus ojos de llamas. Los carbúnculos que iluminan su cabellera, fórmanlc un nimbo de luz. Después de invitarle á sentarse, le corona de claveles. Ltiego, sus siluetas enlazadas piérdense bajo las copas azules de las altas palmeras. Esto es todo lo que hasta hoy conoce París de la obra maestra d e s u heroína, obra maestra pagada á precio fabuloso y esperada con ingenua impaciencia por un público que desdeña á Flaubert... E. GÓMEZ CARRILLO París Marzo LÍ) OÓ.