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No había hurto de maderas en el pinar que no se achacase al tío Joroba; el menor desliz se castigaba con el mayor rigor por el alcalde, si quien lo había cometido era Jorobeta. Ni aun los hijos del fingido bandolero, netezuelos del apócrifo mal apóstol, veíanse libres del general encono; no se pasaba una sola vez junto á la escuela que no se sintiesen los lamentos de los Jorobillas. Como esta animosidad halagaba la vanidad de artista del tío Joroba, por mucho tiempo vino éste padeciendo, sin quejarse los malos tratos de qne él y los suyos eran víctimas. Pero hará cosa de tres primaveras, el juez, dejándose llevar de su saña, le impuso tres multas seguidas por no sé qué pretendidos desmanes. ¡Y allí fué Troya! El hasta entonces paciente Judas, que no tenía nada de traidor, mas sí mucho de avaro, convirtióse de pronto en el más vengativo de los seres. Olvidó su vanidad de actor para no acordarse. sino de las muchas ofensas recibidas, y saboreando de antemano los efectos de su venganza, comunicó á los del pueblo que ni él ni su hijo volverían jamás á trabajar en la Pasión. Precisamente, aquella Semana Santa se habían hecho para la acostumbrada función teatral preparativos nunca soñados. La sobrina del señor cura iba á representar el papel de María; un hijo del notario, el de Nazareno; el venerable padre de almas y el hombre de leyes se habían gastado un dineral en trajes y adornos. A más, la posada estaba llena de gente, venida de otros lugares con el solo objeto de presenciar la fiesta. En momentos tan críticos, la decisión del tío Joroba cayó como un raj- o. Era imposible buscar quienes reemplazasen á los huelguistas en papeles tan odiados. Suprimir á Gestas, aún cabía; pero hacer lo mismo con Judas, equivalía á suprimir la obra entera. No quedaba otro medio de solucionar el conflicto que el de amansar al tío Joroba, haciéndole volver de su funesto acuerdo. Condonóle el juez las multas impuestas; le ofreció el futuro Mesías un duro en plata, con tal de que no le hiciese la traición de no traicionarle; suplicóle, con lágrimas en los ojos, la Magdalena; le abrazó la Virgen; le prometió San Pedro, cuyo interesante personaje lo hacía aquel año el tabernero, perdonarle ciertos picos de unos azumbres bebidos y no pagados; y para más ablandar al rebelde, no sólo se abstuvo por aquellos días el maestro de escuela de propinar á ios Jorobillas la acostumbrada azotaina, sino que hasta les obsequió con una docena de los gruesos confites pintados de almazarrón que, á despecho del boticario, que vivía de igualas, fabricaba el confitero del lugar. Todo esto fué preciso para que el tío Joroba depusiese su actitud y se prestase á continuar desempeñando su papel odioso. ¡Mas en aquel punto concluyeron sus malas andanzas! Desde entonces la presencia de Judas sobre el tablado es acogida en el pueblo con una ovación entusiástica; se le aplaude á rabiar cuando vende al Redentor; y cuando traidoramente le besa; y cuando muestra cínicamente el bolsillo que contiene los treinta dineros; y aun se da el caso de que alguna vieja compasiva le grite al tiempo de ahorcarse: ¡Cuidado con la cuerda, no te vayas á lastimar! Tal mutación de sentimientos en el público no deja de sorprender a ios forasteros, que ignorantes de la huelga del tío Jorooa, por haber faltado á la fiesta estos años últimos no comprenden la razón de encontrar en la actualidad las cosas tan cambiadas. ¿Cómo se han vuelto ustedes tan inhumanos- -preguntan algunos de éstos á sus vecinos de banqueta- -que aplauden de ese modo la más indigna y villana de las traiciouesr Y si el preguntado está en el secreto, contesta guiñando un ojo con malicia: -Sin traición, no hav drama. JAVIER PAI ACIOtí DllIU. IüS E MEXOEZ líKlNOA GIL,