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Í- í: SE E- RJLIÍILLJL Corazón, vete á la sierra; derrotado del amor, viste saj al de pastor y oye el cantar de la tierra. Del sol la primera llama, nuncio de luz y de vida, acamiina la retama de la ciunbre florecida. Y al soslayar sus reflejos, en los arroyos rielan 3 el ramaje aterciopelan de au. íteros pinares viejo Rodando por la vertiente de la cortada pedriza, ondula, bulle y se riza el caudal de los torrentes. Ya n o silban en las peñas los duros vientos marzales, y enlozanan los herbales con las lluvias abrileñas. riIBUJO DE KEfilnOR Su hielo rompen las charca, y, en las alturas, senderos van trillando los cabreros al paso de sus abarcas. Ya el regato no se queja, corre con rumor de risa; una alegre canción vieja lleva en sus alas la brisa. ¡I a canción primaveral, perenne cantar de amores, que con aromas de flores acaricia el roquedal! De la vida que retofia es en el alma alegría, y en las frondas armonía dulce, como de zampona. Ya tornaron las cigüeñas, los campos visten de flor, y se alegran con rumor de abundancia las aceñas. A la vera del regato, allá en las tardes tranquilas, dulces suenan las esquilas de las ovejas del hato. El viento los pinos bate La campana de la aldea, pausada y triste, ganguea la oración. Un perro lato. El sol hunde su topacio, le sigue la sombra queda; entre la verde arboleda su azul engarza el espacio. Hay gorjeos en las fronda, cantares en el sendero; la blanca flor de un lucero temblando brilla en las ondas... Corazón, vete á la sierra y acompasa tu sentir con el tranquilo latir del corazón de la tierra. E N R I Q U E DE MESA