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TvOS AMIGOS LITERARIOS v R si UN SABIO STE es un sabio que nos presenta Juan Lili? Vives en sus Diálogos latinos. Envidiamos nosotros profundamente á este buen hombre que tiene dos. ó tres criados, que posee una casa confortable, que dispone de todas las comodidades, y que, por las noches, estudia un rato, tomando para ello toda clase de precauciones, abrigándose bien, haciendo que uno de sus criados vaj a trayéndole los libros que necesita y que otro ayuda de cámara ó cubiculario se halle á su lado por si le ocurriera algo. Nosotros, modestos periodistas que escribimos en un modesto mechinal á salga lo que saliere, sentimos una envidia sincera por todo esto, y convenimos desde luego en que sólo en estas condiciones es posible escribir páginas proiunaas, indelebles... Y vamos á. decir, muy á la ligera, lo que hace este erudito. A las cinco de la tardé- -según nos cuenta Vives, -este respetable sabio hace que cierren las ventanas de su despacho. Esta hora- -añade i Vives- -es cuando todas las cosas reposan y callan No queremos detenernos en hacer constar que tal fenómeno de reposo á las cinco de la tarde no es posible que se ofrezca en España; sin duda el autor se refiere á Brujas, que es donde él vivía. Y ello es que, haya ó no ruido en Brujas á las cinco de la tarde, este sabio manda cerrar, como hemos dicho, las maderas de sus balcones. Ya cerradas las maderas- -ó antes de cerrarlas- -el erudito hace que le preparen las luces. ¿Y qué luz empleará? ¿Ea luz de aceite ó la luz de vela? Ea elección inquieta un poco á nuestro hombre; el olor de sebo no es deleitable dice él; la luz de aceite es más suave, más dulce. Usare mos, pues, la luz de aceite; el problema queda resuelto. Y ahora es preciso que el criado traiga la capa de velar es decir, una capa amplia, recia, en que el erudito se arrebuja cuando ha de trabajar; y es menester asimismo, que el criado ponga sobre la mesa el atril en que han de reposar con toda comodidad los libros... Y después que el tal cubiculario ha üecho todas estas operaciones, el erudito manda llamar á otro criado, á Didymo, que es el que me sirve cuando estudio y no tan sólojuzga que Didymo debe estar junto á él, sino que cree conveniente que venga también su secretario, porque- -dice él- -yo quiero dictar algo Nuestros literatos y nuestros sociólogos estaran maravillados al contemplar esta manera admirable de trabajar. Pero no es esto sólo; las plumas están sobre la mesa; nuestro hombre no puede alargar la mano para cogerlas; él da orden á uno de los criados para que se las acerque; otro criado le trae los libros que necesita para el estudio: Deinóstenes, Gregorio lacianceno Xenoíonte, Cicerón... Claro está, que colocado el volumen en el atril, uno de los criados es el que ha de ir pasando las hoias; otra cosa sería molesto. Nuestro sabio lee unos párrafos de Cicerón ó de Demóstenes, y va haciendo lige os y discretos comentarios en t oz alta. No sabemos cuánto tiempo permanece estudiando; pero cuando se acerca la hora de dar por terminada la tarea, este erudito manda que le preparen bien la cama y que pongan en ella bastante abrigo. Descálzame- -le dice luego á uno de los criados- -pon aqui la silla de goznes para sentarme; esté prevenido el vaso de noche en el escaño junto á la cama; quema un poco de incienso ó de enebro y haz sahumerio. Cántame alguna cosa con la vihuela al uso de Pitágoras, para que duerma más presto y con más dulzura. Y el criado canta: Repetimos que sentimos una envidia profunda por este sabio, y que quisiéramos escribir de este modo todos nuestros artículos. AZORIN lOli sue Oj quietud de todoí ¡Oh, amado aún de los dioses! M? ü