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L VÜELTñ if- M l: i e s p l é n d i d a vegetación, sin las artes de p N fecha muj- prócultivo, ofrece al hom xima ae pondrá á b r e cuanto necesita la venta el nuevo epipara su sustento; aquí sodio n a c i o n a l d e l la dulzura del clima le maestro Caldos, tituexime de la complica, lado ¿a VncUa al- munda cargazón de ropa, do en la Nnniancia. I ail n o imponiendo m á s pronto como el insigque el preciso y elene creador de Torqtwmental resguardo del rnada escribió la últipudor; aquí las cosma c u a r t i l l a de su tumbres son pro 3 ccnuevo libro, preocución fiel de las benig 23 Óse de u l t e r i o r e s DOÍí BENITO PÉREZ G. LDÓS nidades de Naturaleobras. Ideadas tiene za; no existe ni el- riya la fábula de Prim y Zíz de los tristes desunas, los dos coisodios que inte- gor de castas, ni el apartamiento receloso entre los sexos; la le 3 es suave, el matrimonio facilísigrarán la cuarta serie de esa epopeya singularísima quelionra tanto áEspíiña, quesupo tejerla con mo, la religión alegre, la virtud generosa, la mohechos, como al grandísimo poeta que supo na- ral amable, la muerte im dulce tránsito... Tal penrrarla. También planea Gaklós el modo de llevar saban y sentían los españoles ante la hermosura á la escena á Casandra, y tiene además concebidas de Papecie capital de Otaiti. casi totalmente cuatro novelas contemporáneas Gracias al protectorado de Francia, que se cuyos títulos no ha pensado todavía. BlvANCO Y NEGRO se complace en ofrecer á sus había metido en aquel edén para echarlo á erlectores las primicias del episodio citado, a Vuel- der 3 privarlo de sus seculares encantos, en Puta al mundo en la Numancia, rindiendo así un home- péete había zapateros, sastres 3 ha. sta sombrereros bárbaros correctores de la estirpe humanaje al maestro de la novela española. na, cjue han hecho una. industria de la fealdad Por fin, el 22 al anochecer vieron las luces de la -de la embarazosa sujeción del andar y los adeciudad de Pafieeté, capital de la ínsula; mas desco- manes. A consecuencia de no sabemos qué rebeldías y nociendo el puerto, siguieron por un ancho canal hasta la bahía de Toanoa. donde echaron el ancla. trapisondas, cayóla feliz OtctitiaTx el protectorado Un día más, 3- se encontraron frente á Pa. fcetéro- francés. Un funcionario del Inq ierio ejercía la audeados de una felicidad y abundancia superiores toridad con el nombre de Comisario Gobernador. á cuanto habían soñado los hambrientos, sedien- Conservaba la soberanía de figurón una señora tos y maniáticos. ¿Eta- ilusión lo que eían? ¿Y Reina, llamada 7 í) 72 r j morenita y bella, del aquellos botes y cayucos que rodeaban á la fra- mejor tipo de la raza. En la época del arribo de gata, cargados de pan, de frutas, de tabaco, eran la Nuninneia, ya. no era joven Su Majestad canaca; reales, ó fantástica hechura de los cerebros en- pero conservaba su aire gracioso 3 cierta distinfermos? Ea hermosura del cielo, la tibieza del ción adquirida en el viaje que hizo á París. Funambiente, la juvenil alegría que de todas partes daba su orgullo en vestii á la francesa, cuidando emanaba, la. s voces de íos indígenas ofreciendo de acarrear traies do última moda, o de imitarlos alimentos tan apetitosos, habían trastornado á cou auxilio de figurines. Dígase con todo el reslos sanos, y á los enfermos devolvían la razón, la peto que merecía la bondadosa Pomaré, que enconfianza, el amor á la vida... Para mayor gozo, jaezada á la europea estaba para pegarle un tiro. vieron fondeados, á pocas brazas de la ciudad, los ¡Cuánto más bonita 3 seductora sería su facha conservando como iinica vestimenta el ropón ó demás buques de la segunda división Participaban todos del delicioso descanso y festín riquísi- camisolín auiplir 3- suelto con r ue se ataviaban 5 mo que Dios les enviaba en compensación cíe sus cubrían las mujeres del pueblo! El Re 3 consorte, horribles trabajos y miserias, ¡líosanua, loor llamado Arii lanic. era un bigardo glotón 3 borraeterno al Omnipotcntel- -clamaba el pío Binondo chín, que no se dejaba ver hiás que en comilonas alzando al cielo las manos, cuando llegaron á cu- 3 francaclielas. Vestía ridiculamente casacón borbierta las primeras cest; is de naranjas y limones, dado, 3 las plumas que debía llevar en su- cabeza, subidas por los indígenas, que eran, dígase con según el nso salvaje, llevábalas en un sombrerete histórica imparcialidad, los seres más amables de tricornio, como los que usan los suizos de las iglesias parisienses. Era, siu duda, el hombre más la creación, los más ágiles 3 risueños... ¡Olí incomparable país; oh civilización silvestre, bárbaro de Otaiti y el más feliz de los canacas, que rozagante y desnuda, oh tierra de bendición 3- do este nombre se daba á los indígenas del Archilibertad, coronada de flores y ceñida de espumas! piélag o de coral. Tu suelo fecundo 3 tu temple benigno redimen á los hombres de la dura ley del trabajo. Aquí la p. i MíRi Z A E D O S