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MUERTE DEL INSIGNE NOVELISTA D. JOSÉ MARÍA DE PEREDA Í E R E D A nació en Po- lanco (Santander) en Enero de 1834; murió el día i.o de Marzo de 1906. Fué mediano estudiante, porque observaba la vida desde niño en lugar de estudiar libros. Casó con Doña Isidora de la Reviila, aama santanderina. Fué diputado el año 1873, y declai- óse carlista. Gustaba de vivir en Polanco y de airearse en Santander. Fra un hidalgo montañés de cortesanía exquisita; casa y rentas le sobraban; amigo grande de la Naturaleza, del mar, de cielo, de los campos, ni en ei trato ni en los libros faltóle luceridad. Fué un regionalista de corazón. Su tierra montañesa, donde naciercí los progenitores de Quevedo, templó reciamente el cuerpo amojamado de Pereda y su espíritu severo j afanoso de verdades; se parecía corporalmente á las figuras de españoles pintadas por el Greco y por Velázquez; en espíritu descendía por líneas directas de Hurtado de M e n d o z a de C e r v a n t e s d e Mateo Alemán. Sus obras son populares; la generación actual l a s ha l e í d o nrientras arrastraba los calzones por los bancos de las aulas. Su realismo es brioso; sus novelas dejan perenne recuerdo como de cosa vista. Quien no haya leído á Pereda debe leerle; es un hombre de nuestra raza antigu. a ruda y fuerte; si hubiese nacido tres siglos antes, su obra sería la de un ascético, la de un soldado de los tercios, la de un conquistador de América, ó quizála de un santo. Aquel grave consejo de los filósofos alemanes de que ningún artista debe violentar su inspiración si desea crer- algo digno de perpetua fama, seguíale el maestro Pereda con esa intuición que caracteriza á los verdaderos poetas. Pereda escribía por la necesidad en que frecuentemente se hallaba su espíritu de explayarse en las regiones serenas no contaminadas por las ideas pedestres de los hombres vulgares. Tal es la causa d e que la inmensa mayoría de sus obras estén sentidas con sinceridad, pensadas con elevación y habladas con tan exquisito cuidado, rindiendo un culto tan grande á la exactitud de la expresión, que sólo dice el novelista lo que decir quiere, y á veces el vocablo revela tan fielmente la idea, que la narración adquiere una robustez y una viveza inimitables. Ivos libros todos de Pereda son hermosísimos; pero de ellos bastarían para su inmortalidad las Escenas montañesas, El sabor de la iierruca, Soiileza, La pichara y Peñas arriba. Fa lengua española, purgada de palabras y giros exóticos, fué la hablada por Pereda; su estilo, que es un prodigio de naturalidad, no se parece á ningún otro; es su estilo, el estilo de Pereda, único, y como dialoguista no le aventajó nadie El escenario de sus novelas es la Montaña santanderina, y por accidente Madrid. Algunos comparábanle con Mesonero Romanos y Fernán Caballero, á quienes supera; otros, con Galdós: Pereda y Galdós no pueden compararse. En la última página de Peñas arriba comenzó la inmortalidad para el novelista insigne. Ha perdido España con él una gloria indiscutible, y el idioma uno de sus más castizos cultivadores. En paii descanse.