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pk- J JÍ- Í: Í i 1- -Í. I, i ww SPi iÉÍfc horcont ntefk a r a d o s y l o s adrales, entre las hoces y los uoiconeb, entre la corrada y la quintana, pusieron a la muerta en su caía de tahl- i rohh v- i te iostÍLIsto dT 1 al TM o t l e p o con breguez nocturna; sólo la claridad de las a n t o r i h L provectabaTn recuadro r Z o sobre la w i u e? ¡que enfrente de la portada retuerce la maraña de su ramazón desnuda E r a silueta de un frboi oí; oreralfade írc as? e; Tal fiSaTdt roí. nL t quiebras exlia an olor callente de establo; el cadáver de la aldeana eitá amoro a t n e n t S e n s a d o ñor el perfume ae los campos y por el vaho de las bestias d. muiu. mcensaao por Los aldeanos velan á Rita en el mismo portalón, á la vera del cadáver; las aldeanas velan tam bien susurrando rosarios, en la cocina de paredes ennegrecidas por el humo de los candills v U s 7 o garadas de lena. La noche transcurre con lentitud monótona de v e l a d a r v e r n i z a de vez en cuando m l d i a L h e ¿u l o s a de la higuera, muja en el c o I r a S vaca A 1? He ala c o n ó f bTamf I L r a! S o t T p T t e r J asomándose á la puerta del utf c. f P castañas asadas, en derredor del cual hacen corro los del velatorio. Aun volvió a aparecer la moza con un brazado de botellas de sidra y un mollete de centeno La moza era fresca, de rostro redondo de mejillas carnosas, de ojuelos q u ¡K b a n maH nos v á o t l h f -T arremangada hasta más arriba del codo, de tal manera lozana que su presen! cía daba aire de vida a la cámara mortuoria. Todos los aldeanos la miraron; ella miró á l a u e r T a La presencia de la moza, las castañas calientes y la sidra dorada, sirvió de c o S a c i ó n á s aldea-