Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL MAESTRO OABALLERO muchos artistas insigues, ha sorprendido la mu luerte al insigne compositor, aplaudido por todos los públicos españoles de Europa y América, en plena labor. Con él ha desaparecido un verdadero creador de música genuinamente nacional inspirada en los cantos populares. Fué el suyo uu tenii) eramento artístico ta. r, brioso, tuvo aptitudes tan definidas y vocación tan singular, cjue manifestó sus dotes excepcionales desde los años primeros de su vida. Nació el maestro D. ilauuel f- ernández Cabaliero en 1835; ha muerto de setenta y un años, querido de cuanros se honraron con su amistad, admirado t todos. Iniciáronle en el divino arte el notable violinista Julián Gil, pariente s; i3 o, y el celebrado compositor D. José Calvo. A los cinco años formalDa va j) arte el n: aestro Caballero de uu coro de niños; a los doce tocaba diversos instrumentos musicales con maestría extraordinaria. A los dieciocho años era primer violín de la orquesta del teatro Reai; después recorrió España y la América española al frente de algunas compañías líricas, con lo cual creció su fama y aumentó considerablemente su ilustración musical, lo que no fué parte á separarle de su estilo propio, de su técnica personaiísima, que siempre si. guió obediente la vena espontánea de la insinracion del artista ilustre. La musa delniaestro Caballero le servia como esclava, no le mandaba como señora; en éi la. inspiración era un estado habitual, bastándole pocos días para componer obras en que se admiraba tanto la grandeza de la concepción como la habilidad de los procedimientos. Instrumentaba como un maestro y sentía como un joven. D. MANUEL FERNANDEZ CABALLERO Su fecundidad era asombrosa; exceden de 220! as partituras de este insigne maestro; de ellas, muchas quedarán para siempre y servirán de lazo entre las generaciones presentes y las venideras. La Prensa diaria ha informado a! público de los lionores que se tributaron al gran músico y del ceremonial de su entierro, que fué una manifestación de duelo, rendida no únicamente por el llamado mundo oficial y por los intelectuales, sino por el pueblo, á quien tantas veces supo conmover ó entusiasmar el difunto maestro, gloria indiscutible del arte patrio. Al duelo público y al de la familia del finado se asocia BLANCO Y NÍ; C RO. En paz descanse el inolvidable auí de La iota aragotusa OMO a á EL CORTEJO EUNEBRR ANTE LA PUERTA DEL TEATRO DE APOLO