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CACERÍA REGIA EN LA ALBUFERA p n l arrendatario d e l a Albufera, Sr. Ferris, conocedor de la intrepidez del Rey y de sus aficiones cinegéticas, invitó amable y respetuosamente á D. Alfonso á una cacería de patos en aquel lago, y el Monarca honró al Sr. Ferris aceptando su invitación. Cazadores peritos manifestaron al Rey que ni por lo adelantado de la estación ni por las condiciones en que podía celebrarse la cacería era de esperar un resultado satisfactorio; pero D. Alfonso, confiado en su pericia de cazador, se puso e n camino para C a t a rroja. El recibimiento que en esta estación se hizo al Rey fué extremadamente cariñoso, á pesar de lo intempestivo de la hora de llegada. El sábado último, antes de rayar el día, estaban el Monarca y sus acompañantes en la Alb u f e r a o c u p a n d o sus puestos respectivos. Hacía u n frió intenso; soplaba el viento de tierra; el tiempo no era nada favorable para los expedicionarios. Sin embargo, D. Alfonso, como siempre, m. ostró ser un consumado cazador, hizo repetidas carambolas y se mantuvo en la Albufera -Í 1, GRUPO D E SEÑORITAS QUE OBSEQUIARON AL REY CON RAMOS D E FLORES. 2 UNA BARRACA E N G A L A N A D A EN EL CANAL DEL P U E R T O EN LA ALBUFERA. DE REGRESO DE LA CACERÍA. LA BARCA TRIPULADA POR EL REY Fots. Gnñi y Muñoz de Bacna más tiempo del prefijado. De regreso 3 a, cum ¡jlimentaron al Monarca las más ilustres per. sonalidades de Valencia. Una comisión de bellas y distinguidasseñoritas vestidas con ricos trajes de labradoras valencianas ofrecieron al Rey ramos de flores. A las tres y cuarto de la tarde salió el tren real de Catarroja y once horas después llegaba á Madrid. D. Alfonso y su séquito hal l á b a n s e rendidos; la excursión h a b í a sido fatigosa, y desafortunado el éxito déla cacería; p e r o afírmase q u e el Rey tomará el desquite tan p r o n t o como encuentre ocasión oportuna.