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J i J Y- Í- í i ...V i -i C V cena, más fragante que las a romas. Vosotia í sacáis una gota azucarada del f ondo de los cálices; un sacratísimo cáliz me ofrece á i n í mieles 3 a elaboradas. Vosotras os posáis sobre pétalos de rosas y claveles; yo me fijo suavemente sobre lo- í labios de una mujer hermosa... Así habló el poeta con dejos cursis de mal equilibrada imaginación, haciendo sonreír á las demás obreras, que siguieron su trabajo en espera de que llegara el día de contemplar en la celdilla d e l modernista la nueva miel, cuya iiiater i a prima extraía por las noches en los salones de los bermejos labios de una mujer. No tardó mucho tiempo el revolucionario en anunciar su obra, fijando el día en que había de presentarse al público el dulce producto. Mil insectos fueron invitados á la fiesta. Algunas avispas, con sus corpinos de seda negra y amarilla, circundaron la celda del autor; la reina ocupó su palco; los zánganos, el lugar, destinado á la crítica; los moscardones zumbaron un preludio; los gusanos de luz encendieron las baterías. A través de un leve telón de cera transparentá- 1 base la roja miel con tanto esmero fabricada El a u t o r impaciente, sólo esperalia la s e ñ a l convenida para r a s g a r con sus patas la t e n u e tela, por fin, la orden fué dada. líl insecto descorrió la cortina... Un fuerte y desagradable olor inundó la colmena. Parte del diminuto público cayó atontado. Los más listos huyeron. Algunos mosquitos silDaban. Las luces se apagaron, y el autor, mohíno, permanecía junto á su celda, que exhalaba un penetrante olor á bermellón inglés... El fracaso del innovador había sido completo. La hermosa mujer que le ofreció sus fragantes labios, se los pintaba. Por huir, el desdichado, de las flores, había caído en el ridículo... Sus compañeras de trabajóse reirían de él... Desesperado, volvió contra sí el agudo aguijón! A la mañana siguiente, unas hormigas le hallaron muerto le dieron sepultura en su hormiguero. El enjambre siguió su vida alegre y laboriosa. Las abejas se convencieron para siempre de qué para fabricar mieles no hay otros moldes que los eternos que impone la Naturaleza. L U I S DF, TAPIA umCJOS DE REGIDOR ¿1 i: ií- r IS -C, i -W 3 -iv y.