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NUEVOS MOLDES FÁBULA J 5 N PROSA PJJIN zumbador enjambre de listadas abejas habitaba el carcomido tronco de un viejo roble. Todo era paz y alegría en la trabajadora colonia de insectos que, sin descanso, llenaban de azucarado caldo las exágonas celdillas de los panales. El pueblo alado era feliz; pero como la dicha no es duradera ni aun en la región de las mieles, la calma que reinaba en la colmena vióse un día alterada. Los zánganos, incapaces de toda labor útil, dedicáronse á sembrar odios y envidias entre las diminutas obreras. A punto estuvieron éstas de arrojar de su fabril república á gentes tan holgazanas; pero su calidad de machos favoritos de la reina libró á los zánganos de tan radical medida y hasta les dio el ascendiente preciso para ejercer el papel de críticos, erigiéndose en arbitros d a l a s obras que las abejas construían y en cataraieles de todas las que el panal contenía. Y aquí vinieron los celos y resquemores de los insectos. Al ver comparados sus trabajos, sintieron el deseo de la gloria, ambicionaron el aplauso d é l o s vagos 5 dividieron l se de tal suerte, que en un punto estuvo la disolución del enjambre. Apretaron con esto los perturbadores. En largos discursos acusaban á las abejas de rutinarias; censuraban la manera, síejnpre la misma, d e h a- cer la miel, y recomendaban la rotura de los viejos moldes, modernizando los procedimientos. F r a s e s tales trajeron consigo la fundación de escuelas que hubieran terminado con la vida de la colectividad, á no haberse impuesto el buen sentido en forma de desdén hacia los indolentes críticos de aguijón. No todos los insectos, sin embargo, desdeñaron tan maléficas predicaciones. Un melenudo abejorro, algo poeta, al que de perlas parecieron los argumentos de los imaovadores, formóse el ánimo de fabricar de un modo mievo la más olorosa y preciada miel. Apenas el sol se ocultaba, salía de la colmena, regresando cuando el alba teñía de grana las hojas del roble. Semejante género de vida impresionó á las abejas, que se preguntaban dónde á tales horas podía hallar flores é inspiración el poeta para terminar sus muchas veces anunciada obra moderna. Tanto picóles la curiosidad, que hubieron de preguntárselo. -Oídme- -dijo el abejorro: Vosotras libáis en las rojas amapolas, en las blancas azucenas, en las amarillas flores del aromo; yo libo en una flor más roja que la amapola, más fresca que la azu- J.