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liMieRo Juan y Pedro, escrifores andaluces é cua! más embustero ponderando lo mucho que trabajan así charlan muy serios: -De tanto como escribo- -dice ei uno- -se me agota eí tintero y tengo que llenarle siete veces al día por lo menos. -Eso es muy natural- -replica el otro, -porque será pequeño; no grande como el mío, donde caoen dos azumbres y medio- ¡Quita allá! -dice Juan. precisamente el mío es tan tremendo, que al ver que en una mesa no cabía, en dos mesas lo he puesto E l mío no está encima de la mesa- -replica el compañero, -porque es un tinajón que apenas cabe de píe en e! aposento. Isas eptageraciones de ambos puntos van creciendo, creciendo... hasta que, harto de embustes, amoscado le dice Juan á Pedro: -LJO dicho no es verdad. Tú no me achica: Yo, cada vez que quiero mojar la pluma en tinta cuando escribo, no me bastan tinteros y tengo que emprender un largo viaje para lograr mi objeto. Pues en dónde la mojas, alma mía? ¡Isa mojo en el Mar fíegro! JUAN PÉREZ ZÚÑKÍA DIBUJO DE XAUDARÓ -yryt Á