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i: rpi V til 5 v V- -s rÉ. íU t ba Princesa del caracol A iico- -que era un buen Dre- -vino á decir que la 1 n ninguna enfermedad. ¿Lwiii jjii o El médico no había podido averiguar el misterio, pero muchas otras 3 -niñas se habían ido así... De eso estaba seguro, lylamaron á la bruja Simi y dijo lo mismo que el médico: No había remedio, á no ser que... -Yo haré esta tarde un conjuro al salir la estrella Mientras yo hago el conjuro, la niña ha de salir al prado, y sentada en el risco gordo que tiene las tres aspas labradas á martillo, dirá, mirando á la estrella: Princesíta del cararol, ¿cuántas vueltas da ol girasol? Y si alguien sale y la llama, que vaya siii cuidado. Yo estaré siempre junto á la niña. La tarde era tibia y serena. ¡Cómo cantaban los grillos bajo la grama! ¡Cómo resplandecía dulcemente el verdor del prado! ¡Qué mansedumbre y qué paz caían del cielo, se extendían en el aire, llenaban el campo donde sonaba la música apacible de las esquilas! Sentada en el risco, aguardaba la niña. Delgada, triste, enferma sin enfermedad, miraba con ojazos inquietos la calma enorme que la envolvía. Un reflejo solar la doraba como á una diosa de Oriente. La luz se fué volviendo roja, como de hogar; luego, suave como de violeta; por último, blanca como de nácar. En el cielo y en los ojos apareció la estrella; comenzó á subir por aquellas curvas henchidas de espíritu... Princesíta del caracol, ¿cuántas vueltas da el girasol? Venida délos hondos senos crepusculares, avanzaba por el prado una carroza, hecha de la hoja de un plátano. Por respaldo traía un girasol áureo, pomposo, radiado como un sol. En sus celdillas encendían las verdosas linternas los gusanos de luz. Tiraba de la carroza un caracol blanco: sus cuerne cilios eran de oro, y en cada uno brillaba un diamante. Sobre un lecho de flores deshojadas de berro, de romero y coralina, iba la Princesa. Dos hábiles arañas tejiei- on su vestido: dos ninfas de hormiga, vendidas por un grillo á una cigarra, lo bordaron con baba plateada. El corpino azul lo regaló una libélula; la diadema, de púrpura y de oro, un jilguero trovador. El abanico era de alas de cantárida; el cinturón, de anillos de avispa; el collar, de ojos de mariposa. Seguíala una lucida corte de músicos y poetas. Un himno suave iba llenando el prado, iba llenando la noche, iba llenando el mundo... -Hermosa niña, ¿quieres saber las vueltas que da el girasol. Pues oye lo que cantan mis músicos y mis poetas: ¡Amor! Ven; yo le daré un príncipe. Y el caracol, llegando al risco, palpó las tres aspas con sus tentáculos de diamantes, y el risco se abrió y entró elliada y su corte... ¿Qué haces que no e n t r a s P a dijo un elegante grillo mientras limpiaba su violín.