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EL MAL LABRADOR es un mal labrador por el que débeteos sentir todos la mayor abominación; el maestro Gonzalo de Berceo, que nos ha contado su vida, está con él verdaderamente furioso. Este labrador tal vez vive en las sutiles tierras de la Rioja, ó acaso en algún ameno rincón de Castilla, ó quizás- ¿quién podrá asegurarlo? -en alguna campiña andaluza. Ello es que este labrador tiene una casa amplia, cómoda; no sabemos si esta casa se halla en pleno campo ó bien en alguna pequeña ciudad. Nosotros nos inclinamos á creer que puesto que el maestro Berceo dice que este labriego más amaba la tierra que non al Criador él procurará estar de estos terruños tan amados lo más cerca, todo lo más cerca posible. Y estábamos diciendo que la casa es ancha y cómoda; las paredes se hallan blanqueadas con cal; en la fachada- -y 3i- a veremos después estopara qué sirve, -en la fachada, formado con azulejos de Segovia ó de Valencia, se ve un cuadro de la Virgen María. Y hay muchos árboles frondosos alrededor del edificio; y hay en la casa u n a ancha cocina con una leja en el humero (en la cual leja se ven peroles, ollas y cuencos vidriados) y hay cámaras anchas con puertas que crujen misteriosamente por las noches; y liay una camarilla gratísima, toda llena de orcitas con mieles y arropes, de perniies, de tornizuelos y orejas de puerco puestos en sal, de embutidos, de nueces colocadas en grandes arneros, de colgajos de uvas y membrillos que penden de largas cañas; y hay un corral ancho lleno de cerdos, negros, blancos ó jaros; 3 hay un tosco jaraíz para estrujar los racimos en el otoño; y hay unos alhonnes nondos repletos de grano y unas abombadas tinajas, llenas de aceite unas, y otras de vino; y haj en, fm, allá en lo alto, un palomar de donde las palomas salen por unos pequeños agujeros y se extienden, raudas, por todo el campo... Todos quieren á este buen labrador: sucede que muj- á menudo los hombres malos suelen ser queridos de todos; los mozos de la labranza están encantados con este labrador; él lo ve todo y provee prestamente á cualquier desarreglo. Eas mozas que trajinan por la casa (estas mozas recias, sanas, fuertes, que tanta impresión nos hacen á los que llegamos de la ciudad) las mozas adoran también á este labrador; acaso él las dice de cuando en cuando alguna terrible, enorme cuchufleta (en el campo no se paran en barras) y es casi seguro que el día de su santo les regale alguna tumbaga ó algunas arracadas. Todo está bien, al parecer; pero si examinamos atentamente las cosas, veremos que este hombre es un hombre malo, abominable. Este hombre tan llano y corriente aquí en casa, hace todo lo posible por acrecentar su caudal á costa de sus vecinos y colindantes; él les pone mil pleitos y los enreda en las mil sutiles mallas de la leyi- él les arma un caramillo formidable en menos de que canta un gallo; y él- -asombraos todos- -no sabiendo ya qué hacer para que sus campos, sean mayores, se levanta por las noches, cuando todo el mundo duerme, y cambia los mojones de las lindes. Cambiaba los mojones por ganar eredat dice el buen Berceo lleno de indignación... Y por este y otros desafueros este labrador es cogido á s u muerte por los diablos; éstos le arrastran, le zarandean, y ya están á punto de llevárselo á los infiernos, cuando interviene Nuestra Señora. Nuestra Señora le salva, B l mal labrador no había dejado en su vida ni un solo día de adorar á la Virgen; por las mañanas al levantarse, y cada vez que entraba y salía en la casa y veía en Ja fachada este cuadro de que hemos hablado al principio, él ponía su pensamiento en la Madre de Uios. Y la Madre de Dios le salvó en eVtrance supremo. Adorémosla siempre, dice el querido, el muv amado poeta. Non nos debe doler nin lengrua nin garganta- -que non digamos todos: Salve Regina sancta. D I B U J O DE A R I J A AZORIN