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s í. H PALMA DE MALLORCA Repique furibundo de broncos maríi la Ob en I- ocas que retiemblan al golpe de los mazos, arroja el mar cual eco de inmenso yunque azul: el sol, cabrilleando, sus ondas enrojece y fragua de relámpagos magníficos parece bajo e! temblor que traman los rayos hechos tul. ¿En qué los invisibles titánicos herreros de la sublime fragua trabajan como fieros gigantes, en el yunque sin término del mar? ¿Por qué con luengas palas transportan diligentes las olas, como barras de fuego incandescentes, y empiezan en sus lomos de lumbre á golpear? Es que el taller pujante, la fundición grandiosa, una ciudad cincela con fuerza misteriosa i. Ja hora en que la tarde colora su trasluz; y sílfides y ondinas, nereidas y tritones, los rojos hornos abren, saliendo á borbotones torrentes irisados y líquidos de luz. Hay un trajín frenético de láminas que oscilan, de círculos que ciegan, de llamas que rutilan, de ráfagas y chispas lanzadas á granel, de vividas corrientes en aluvión rodando, y abrasadoras luces corriendo y estallando en cien rojas cascadas que ruedan en tropel. En moldes primorosos de formas variadas, las copas cristalinas cuajando van las hadas mientras las perLs limpian en nítido crisol: espíritus de artistas los muros van alzando, las calles construyendo, los templos diseñando, y alzando sus remates y cúpulas al sol. Forman extraños genios la azul cristalería; oti os cincelan torres donde se enreda el día, conio bandera de oro llena de pliegues mil: 1 9 otros, de los palacios disponen la riqueza, llenando de poesía, de gi acia y de belleza la gran ciudad del agua magnífica y gentil. Están, seres que tienen los mares escondidos, en ruecas encantadas hilando los tejidos, vertiendo en los jardines halago encantador, llenando de vislumbres los altos miradores, y su extensión bruñendo de ardientes resplandores, como ciudad que elevan los genios al amor, Y toda, al fin, por manos sublimes construida, á la hora en que la tarde desmaya enrojecida, durmióse en el misterio nocturno de la mar; y en el azul inmenso, con maternal cariño mecióla el mar cantando, como en la cuna al niño, y le entonó con olas un íntimo cantar. Y al resurgir, triunfante, el sol por el Oriente, los ojos asombrados miraron, de repente, aparecer riendo bajo cristiana cruz, como un coro de estrellas las Islas Baleaí es, y Palma en medio de ellas cual rosa de los mares con cáliz de cien hojas y pétalos de luz. Así naciste, joh Palma! y así de hermosa eres; como del mar salieron, son hadas tus mujeres y tienen una noble belleza singular. Cayóse Dios de cara sobre tu suelo rico; mueve de tus palmeras el fértil abanico, y duerm -en el columpio magnífico del mar. SAI. VADOIÍ RUEDA r Tr; T TO DK URninoií.