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m vi Vv. fc r (ESE ES EL MUNDO! I, nacimiento de aquel digno representante de la tradición fué señalado por un horrendo crimen. Todos los hermanos del buen Leal- -excepción hecha de una hermana que no andará en buenos pasos en esta corte, dado lo ligero de su carácter- -fueron asesinados en el mismo día y por la misma mano. Acaso el recuerdo de este espantoso hecho influyó en el modo de ser de nu. estro personaje. Antes de entrar en la juventud, entró en el servicio de una venta próxima al hogar, asentada en l o m a s agrio de la montaña. El trato con arrieros, traficantes, mendigos y aventureros, no dulcificó su índole retraída. Ya adulto, gustaba de hacer excursiones solitarias por la sierra y por las orillas ásperas del Euskán. Una misteriosa é irresistible vocación marinera le atraía hacia los remansos donde podía nadar, bucear, pescar... Llegada la edad en que se suelen manifestar las convicciones políticas, sucedió que un día llegaron á la venta unos cuantos manifestantes liberales que se detuvieron á echar un trago. L, eal les acometió indignadísimo; prueba de que no comulgaba en los principios de la escuela liberal. Pero otro día pasó por allí otra manifestación de índole reaccionaria y procesional, y aconteció lo mismo; prueba de que tampoco estaba conforme con esa tendencia. ¿Profesaba, pues, ideas de mayor exaltación y alcance social? No, porque en la huelga de operarios de las fábricas establecidas en la pequeña cuenca del Euskán, se le vio combatir á los alborotados. Era, pues, un decidido defensor del orden v los buenos negocios. Mas ¿cómo entender su altruismo? Echaba con malos modos y hasta perseguía á los niendigos que se acercaban á la venta para hacer un alto y comer un mendrugo; pero cierto que un día se echó al agua y salvó con hartos trabajos á un pobre de éstos, cojo y casi manco, que había caído en lo más peligroso de la corriente. cierta tarde parlamentaria apuró un orador sus recursos oratorios en favor de un modesto ramal de ferrocarril. Los dieciséis padres de la Patria que dormitaban en la Cámara dijeron y á este eficaz conjuro empezó á llegar á la cuenca del Euskán un mediano ejército de trabajadores que hicieron cantina de la venta. Tuvo I eal serios disgustos, y hasta fué objeto de agresiones que amargaron más su temperamento. Se estremecía y espeluznaba ante lo desconocido. ¡Aquí va á pasar algo muy gordo! pensaba. Lo que pasó al poco tiempo fué una locomotora, y luego un tren, y luego otro... Leal se impuso la obligación de salir á protestar de esta profanación de srt montaña cada vez que el odioso silbato anunciaba al convoy. Quedó la venta entre la vía férrea y la carretera, como estaba Leal entre lo nuevo y lo viejo, y con asombro vio pasar por la antigua vía de los carros unas figuras extravagantes, semejantes á insectos nunca vistos, formados de una rueda y un hombre... ¿Qué broma era esa? Y consecuente con sus ideas y principios, salía á protestar, solicitado de un lado al otro, ora por el silbato, ora por la bocina. Y llegó el momento en que por la propia carretera vio avanzar, no ya un insecto, sino un monstruo audaz, despreciativo, que pasó como un astro velocísimo, dejando una estela de mal olor... ¡Esto sí que ya no lo permito! ¡Al diablo estos malos abortos del orgullo! ¡Al primer artefacto de esos que pase, lo deshago, y que salga el sol por Antequera! Y cumplió á medias su palabra. Leal el serio. Leal el bueno. Leal el atrevido, saho a deshacer n n automóvil, y durante unos cuantos segundos volaron pedazos, volaron entrañas, volaron miembros envueltos eu la estela maioliente que el astro dejaba. ¿Qué ha sido eso? -preguntó- ano de los extraños habitantes del astro, -Nada; un perro rabioso que se ha hecho cisco. ¡Ah, pobre Leal! No estaba rabioso, pero sí equivocado acerca del orden y significación de las cosas. Ni siquiera le ha llorado su hermana, que pasea en automóvil por el Retiro y la Castellana a los pies de una demi- sirena cubierta de oieles. Este es el mundo; ¡un automóvil de más ó menos ca JOSÉ NOGALES DIBUJO DE M E D I N A VEB. V