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íl f iv dinero proporciona placeres que es legítimo codiciar. Entre estas satisfacciones, es una de las mayores la de que los ricos se sustraen á los ardores del estío y á los hielos invernales, y encuentran en lug- ares como Montecarlo una sociedad en armonía con sus gustos y aficiones. Montecarlo es una estación de invierno incomparable; allí pueden hallarlos poderosos remedio que cure su aburrimiento crónico. El clima es templado; hay bosques de limoneros y naranjos cubiertos de perenne verdor; se goza de una naturaleza riente; la tierra está animada de encantos que nadie sería capaz de describir; el cielo está despejado y azul; el mar sereno trae aromas y recuerdos de ias islas ó cantos perezosos d e l continente afric a n o ha. Sociedad del balneario ofrece f i e s t a s de extraordin a r i a novedad á los MR. Y MAD. ELAKC visitantes, que disfrutan reunidos en numerosa y aristocrátisa colonia los más deliciosos y refinados ííoces. Madame y Mr. Blanc, cuya fotografía publicamos, alma de la Sociedad del balneario, así por su trato y sus talentos como por sus relaciones numerosísimas, son personajes salientes en ac uel delicioso rincón de Europa. fr. iA i; i WM D E EXCURSIÓ? Fots. Chusseau Flaviena