Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
mozo, que subir la ropa de sus actores y sus actrices por la de San Vicente, á dos reales viaje, ¡entonces sí que verían lo que es canela! ¿Sabe usted lo que voy pensando? -Que no puede usted más. Ya se lo noté hace tiempo. Hagamos alto y descansemos. -No, señor, iba pensando que la ropa que lleva ese buen liombre delante de nosotros será la única que esté libre en Madrid actualmente. ¿Eh? -Sí, señor, toda la demás habrá ido ya al encierro de las casas de préstamos. Para estos establecimientos, la terrible cuesta de Enero es una viña. Casi todos los madrileños empiezan el año con lo puesto, 3 gracias. Trapo que les sobre, hágote papeleta. -Eas mías pasan de veinticinco. ¡Caramba, buena moza! ¿De dónde vendrá con ese contoneo? -De la Bombilla. ¿Sola y á pie? ¡Mal empieza el año! ¿Habrá también cuesta de Enero para las buenas mozas? ¿Quién lo duda, amigo mío? Cuando escasea el vil metal, el amor languidece ó se eclipsa. Y si no, ¿sabe usted en qué época se hacen más matrimonios por anuncios? Me lo ha dicho un agente de viudas con dos duros diarios de renta, de las que desean legalmente casarse ¡en esta época terrible de la cuesta de Enero! ¿De modo que ahora prosperan las casas de préstamos y las agencias matrimoniales? S í y las Funerarias. ¿Qué me dice usted? -No hay enfermedad más mortífera que un cólico acabado en hambre. Después del hartazgo de Navidad, el ayuno de la cuesta de Enero. -Mire usted, me da mucha lástima pensar que los muertos suben también la cuesta de Enero. ¡Ca! precisamente son los que menos la notan. 1 0 espantoso es vivir subiendo como usted y yo, y el jaco del simón, y el mozo del lavadero, y la amiga de la Bombilla, y aquel señor grueso que va á allí, y este jornalero viejecito que nos sigue, y aquella mujer desgreñada con un chiquillo en brazos, y el empleado que no vemos, y el militar que agotó su paga, y las tres cuartas partes, en suma, de la población de Madrid. Pero ¿qué sucede en medio de la cuesta? ¿Por qué se agolparán los transeúntes? Vamos á enterarnos. ¡Si no puedo con mi alma! Necesitaría un automóvil que me subiese hasta fin de mes, quiero decir, hasta la plaza de San Marcial. ¿Un automóvil pide usted? ¡Pues si es precisamente un automóvil el que está parado en medio de la cuesta! ¡Toma! es verdad. -El chauffeur se vuelve loco hurgándole por todos los registros, y el coche no arranca. ¡Qué ha de arrancar! Ea gente se ríe hasta desquijarse. Esa risa es la venganza, sincera é inofensiva venganza de los que tenemos que subir á pie y con fatigas éstas y las otras cuestas... Riámonos del automóvil, y hala, hacia arriba, amigo. -Hala hacia arriba. -Un poco de ánimo aún, y estamos en lo alto de la cuesta. -Ajajajá. ¡Qué bien se respira en la cumbre de Enero! ¿Ve usted? todo es decirse con resolución; ¡subamos la cuesta! Ya la hemos subido. Feliz año nuevo y pocos paseos con matemáticas. -Lo mismo le deseo á usted. ¿Y el automóvil? -Arrancó por fin; allí viene. ¡Terribles cuestas las madrileñas! ¿verdad? -No tanto; ¡ya la suben hasta los automóviles! JOSÉ DE DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA ROURE