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-i N esa zona d e los Pjiineos d o n d e liubcU lu vieja raza v: vsca. ütiy tiüfjs los paisajes, n a y lodos los aspectos d e la Xaturalci iv Ha -iTiontcü i to 5 poblados de robles y d e encinas, liay valls s e. stri; cUos con puebleciUos en ei íondo rodcíidos de campos de tí iv ha. y peñas ceñudas ÍJUC k- vantiin su frente al cielo, h a y pr. idos risueños y verdes. li; iy caseríos blajiL üS, muy bl. incos, ocultos ciilre follajct y ríos claros y tuTimltuosos q u t silt Ti aliora entre píedra. s cucajes á eapuiim y e r e m a n s a n Inego en tiii t: ai. ice dunde el ag aa clar diieriiie q u i e t a sobre los limpios j uijarros. H a y también csi iucstrj 3 provincí- is, hacía Caslüla, hacia las vertientes del Kbro, d a n u r a s e s tensas, campos de trijío iiiacabablo- í. c cu o hor ¿onte se levanta iina nionl. iña a; ul; campos de trigo, v e r d e s en prininvcra. amarillentos en v e r a n o íjrani tados siempre p o r las, a m a p o l a s y lus acianos. V h: íy ndcmás j u n t o A la cn. sta las perspectivas del Cantábrico, que suele díviíiarsc entje dos niontes, allí lejos. íiiempre fojícn. iicmpre ítcrt. siempre cambiante de color. KI cpie ha vivido eu el país vasco no lo olvida j a m a s La tierra vasca es u u a tierra fr- rtil es una tierra amable; los valles son tem piados, los moule frH ndüsoü, el clima h ú m e d o Vo rccuítrdo, cuando era médico d e pueblo, las mañaTias en q u e salía i caballo á hacer ini visita. La ojdea estaba doruiida las casas iban b i o t a n d o de la noi he, ne ras por la h u i n e d a d ¿obre el rio se levantaba una niebla a í i d que lue fo se desJiacía en jirones. Vo subía por el uiitntc al paso de mi caballo p o r las sendas, c u t r e l a niebla, sin pensEír en nada, luchas veces eu la cumbre veia t o d o el valle lleno d e b r u m a s blancas, y arriba brillaba un 5ol espléndido y el cielo editaba azul como un z. ifiro; otras veces las nieblas avanzaban, corrían por entre los ¿rbolcs desnudos, c u y o ramaje negrc parecía u n a humareda, y la b r u m a volvía ú. envolvermeAquellas b r u m a s de los montes son para mí un recuerdo indeleble; otras cosas se m e h a n oividado: odios y carifios, favores y desprecies, han pasado por mi sin dejar u n a huella; esas b r u m a s en cambio, anej arcm mi alma p a r a siempre; y a no salen d e ella, ya no saUiráu jamAs. Yo siento uu profuudo desdén por la v i d a de las ciudades por las redacción es d e los perifjdieos. por los salcjicillos de IOÜ teatros, por d público d e los estrenos, por la política, por todas esas cosas q u e constituyen lo ijue e llama la civilización, Jín cambio, a r d o dentro d e mí, como u n a d e esas piedras preciosas incrustadas en el frontal de un santo, un sueño candido y heroico infantil y brutal. E s un sueño g u e r r e r o un suefio de hombre